Huirwell
Caminador y cazador.
Manifiesto del cazador.
Usaré el verso y la canción,
probaré el peso de la creación.
Mis palabras retratan el mundo
sus colores y texturas,
alegrías y amarguras,
instantes que ahora duran
mucho más de un segundo.
Como un cazador de momentos
y el fotógrafo que, despierto,
en un disparo él captura
la abeja sobre el pasto y
la cordillera en un retrato
que en perfecto y precisión
transformó el instante
en lo que él llama creación:
su foto, que no carece de visión
pues a cada partícula sustrajo su color
mas la esencia y la pasión
él no puede capturar.
Lo que pasión y esencia va a llamar
reside sólo en él.
Lo humano es la magia del instante
que esparce su sueño y perspectiva
como un manto que leve se posa
en muchos más sentidos que sólo ver.
Pero el poeta, que
armado con verso y prosa,
con definición y glosa,
con la palabra sobre sus hombros,
¡inyecta el instante en una hoja!
y con él sus olores,
sus formas y temperaturas.
Lo suave y translúcido,
cuando es capturado por el poeta,
el de sensibilidad divina,
el lector no sólo siente el instante,
sino que lo toca sin guantes,
camina por él como un errante,
¡existe en el instante!
Usaré el verso y la canción,
probaré el peso de la creación.
Mis palabras retratan el mundo
sus colores y texturas,
alegrías y amarguras,
instantes que ahora duran
mucho más de un segundo.
Como un cazador de momentos
y el fotógrafo que, despierto,
en un disparo él captura
la abeja sobre el pasto y
la cordillera en un retrato
que en perfecto y precisión
transformó el instante
en lo que él llama creación:
su foto, que no carece de visión
pues a cada partícula sustrajo su color
mas la esencia y la pasión
él no puede capturar.
Lo que pasión y esencia va a llamar
reside sólo en él.
Lo humano es la magia del instante
que esparce su sueño y perspectiva
como un manto que leve se posa
en muchos más sentidos que sólo ver.
Pero el poeta, que
armado con verso y prosa,
con definición y glosa,
con la palabra sobre sus hombros,
¡inyecta el instante en una hoja!
y con él sus olores,
sus formas y temperaturas.
Lo suave y translúcido,
cuando es capturado por el poeta,
el de sensibilidad divina,
el lector no sólo siente el instante,
sino que lo toca sin guantes,
camina por él como un errante,
¡existe en el instante!