Santiagorestrepo
Poeta recién llegado
Habrá que sublimar las inertes rocas que erigieron catedrales entre el cielo y la tierra
Clamando el llanto de dioses adormecidos, amamantaremos el tiempo para aplacar su
Catastrófica ira, gobernaran nuestros huesos la Brígida carne que renuncio a su alma
Nos coseremos la boca con el delicado hilo de la servidumbre,
ahogaremos con nuestras blancas manos los gritos de revolución,
nos arrancaremos los ojos que flotaron en la infinidad de la noche y en el vaivén de mares enceguecidos,
amaremos los placeres de la suntuosa ingenuidad que corona el cuerpo podrido que hoy somos,
nos convertiremos en el fuego que consume el olor de la tierra seca,
arrancaremos la vida de los que complacen la merced del tiempo
Siendo así entonces
Corroeremos con nuestra plagada existencia los cimientos de una sociedad enferma,
aullaremos a las ruinas de catedrales incendiadas,
calcinadas por las palabras de una boca herida,
tragaremos bocanadas de sangre para olvidar la sangre,
arrancaremos con nuestros dientes el negro pezón de la indiferencia,
nos haremos unos ojos con el brillo eterno del sol,
destruiremos las coronas descompuestas que reposan sobre nuestro remachado cuerpo, y a este,
a este le daremos una voz capaz de alivianar el pesado sueño de los dioses,
se nos acabara la benevolencia hacia los que azotan la tierra que da vida a nuestros pasos
Seremos eternos
Clamando el llanto de dioses adormecidos, amamantaremos el tiempo para aplacar su
Catastrófica ira, gobernaran nuestros huesos la Brígida carne que renuncio a su alma
Nos coseremos la boca con el delicado hilo de la servidumbre,
ahogaremos con nuestras blancas manos los gritos de revolución,
nos arrancaremos los ojos que flotaron en la infinidad de la noche y en el vaivén de mares enceguecidos,
amaremos los placeres de la suntuosa ingenuidad que corona el cuerpo podrido que hoy somos,
nos convertiremos en el fuego que consume el olor de la tierra seca,
arrancaremos la vida de los que complacen la merced del tiempo
Siendo así entonces
Corroeremos con nuestra plagada existencia los cimientos de una sociedad enferma,
aullaremos a las ruinas de catedrales incendiadas,
calcinadas por las palabras de una boca herida,
tragaremos bocanadas de sangre para olvidar la sangre,
arrancaremos con nuestros dientes el negro pezón de la indiferencia,
nos haremos unos ojos con el brillo eterno del sol,
destruiremos las coronas descompuestas que reposan sobre nuestro remachado cuerpo, y a este,
a este le daremos una voz capaz de alivianar el pesado sueño de los dioses,
se nos acabara la benevolencia hacia los que azotan la tierra que da vida a nuestros pasos
Seremos eternos