Manos frías.
Eran unas manos frías,
Las nuestras,
Aquel día,
Aquella fiesta,
Aquel verano.
Tan siniestras,
Tan dolidas,
Tan perfectas,
Tanta y tanta la armonía
Al encontrarse decididas.
Decididas a buscarse,
Aquella playa,
Aquel mar,
Aquella niebla que anodina era
Ante los ojos de unos amantes a escondidas.
Rumor de nombres,
Ella,
Yo,
El milenio que venía.
Universales ecos,
Sinfonía,
Música en un corazón tallado a la deriva.
Los puentes se estremecían.
Las olas cesaban su lamento.
Los montes se caían a pedazos.
Solo nuestros nombres
En la espesa niebla se veían.
Inquietud,
Desesperanza,
De todo y al Todo le hablaban y pedían.
Que el fuego no quemase.
Que el agua marina ardiese.
Que la tierra se esfumase.
Que el aire nos llevase de la mano
En aquella noche indiscutiblemente femenina.
No era poco,
No era mucho,
Pero por doquier se oía,
Se escuchaba,
Discernía.
Palabras verdaderas y auténticas,
Las impronunciables palabras
Que nuestros nombres delataban
Sin pudor y sin vergüenza.
Entonces todo se volvió nítido,
Cuando nuestros rostros alcanzaron
El sueño más profundo.
El de encontrarnos cara a cara
En el beso de este mundo.
Nada más hacía falta.
Tan solo acostarse,
Abrazarse.
Dormir.
Fundiendo nuestros cuerpos
En la húmeda arena
Hermana de la niebla,
Para no dormir hasta que el alba
Hizo presencia con gran resplandor,
Gran estruendo,
Gran amor.
Psycho
Eran unas manos frías,
Las nuestras,
Aquel día,
Aquella fiesta,
Aquel verano.
Tan siniestras,
Tan dolidas,
Tan perfectas,
Tanta y tanta la armonía
Al encontrarse decididas.
Decididas a buscarse,
Aquella playa,
Aquel mar,
Aquella niebla que anodina era
Ante los ojos de unos amantes a escondidas.
Rumor de nombres,
Ella,
Yo,
El milenio que venía.
Universales ecos,
Sinfonía,
Música en un corazón tallado a la deriva.
Los puentes se estremecían.
Las olas cesaban su lamento.
Los montes se caían a pedazos.
Solo nuestros nombres
En la espesa niebla se veían.
Inquietud,
Desesperanza,
De todo y al Todo le hablaban y pedían.
Que el fuego no quemase.
Que el agua marina ardiese.
Que la tierra se esfumase.
Que el aire nos llevase de la mano
En aquella noche indiscutiblemente femenina.
No era poco,
No era mucho,
Pero por doquier se oía,
Se escuchaba,
Discernía.
Palabras verdaderas y auténticas,
Las impronunciables palabras
Que nuestros nombres delataban
Sin pudor y sin vergüenza.
Entonces todo se volvió nítido,
Cuando nuestros rostros alcanzaron
El sueño más profundo.
El de encontrarnos cara a cara
En el beso de este mundo.
Nada más hacía falta.
Tan solo acostarse,
Abrazarse.
Dormir.
Fundiendo nuestros cuerpos
En la húmeda arena
Hermana de la niebla,
Para no dormir hasta que el alba
Hizo presencia con gran resplandor,
Gran estruendo,
Gran amor.
Psycho