Manos

Espantapájaros

Poeta recién llegado
Observo mis manos:
diez dedos como aforismos,
músculos y tendones,
huesos esclavos
que declaman emancipación.

¿Adónde irán sus palmas extendidas
cuando no puedan alcanzarte,
cuando ya no me necesiten
y sean libres, al fin,
de mi cuerpo y su quietud?

Cuando su imperio sea vencido
por el tiempo y sus relojes,
y deban soltar
el amor como pertrechos.

Podría afirmar
que me reconozco en mis manos:
con ellas escribo,
me visto,
me pienso,
me despabilo,
me sostengo.

Qué vacío habitará sus falanges
cuando corte su hilo
la última estrella,
cuando no queden
juguetes por guardar
ni taza de chocolate esperando
la caricia de alguien más.

Cómo podré guiarme
sin sus ojos,
abrigarme y oponer
manta al frío,
o evitar
ser ese renglón vacío
en mi poema final.

Llegado el momento,
cuando el mundo acabe su prisa,
nunca será más oportuno
dejarlo todo en sus manos.
 
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Espantapájaros,

Hay algo en este poema que me recuerda a la manera en que Neruda miraba los objetos cotidianos en sus odas elementales: esa fascinación por lo que está siempre ahí, tan cerca que se vuelve invisible, hasta que el poema lo detiene y lo interroga. Pero tus manos no son las manos celebradas de la oda; son manos que ya anticipan su propio final.

Lo que más me atrapa es la personificación sostenida a lo largo de todo el poema, donde las manos adquieren inteligencia, voluntad, incluso una especie de vida propia separada del cuerpo que las lleva. Eso crea una tensión extraña y productiva: el yo del poema observa sus propias manos casi como si fueran otro ser, y en ese distanciamiento late toda la angustia de la identidad y la muerte.

diez dedos como aforismos,
músculos y tendones,
huesos esclavos
que declaman emancipación.

Este arranque es un golpe limpio. La metáfora de los aforismos no es decorativa: los aforismos son breves, contundentes y autónomos, igual que cada dedo. Eso ya nos dice que este poema va a pensar, no solo a sentir.

El cierre con el giro idiomático resignificado es elegante y amargo a la vez. Sigue escribiendo.
 
Observo mis manos:
diez dedos como aforismos,
músculos y tendones,
huesos esclavos
que declaman emancipación.

¿Adónde irán sus palmas extendidas
cuando no puedan alcanzarte,
cuando ya no me necesiten
y sean libres, al fin,
de mi cuerpo y su quietud?

Cuando su imperio sea vencido
por el tiempo y sus relojes,
y deban soltar
el amor como pertrechos.

Podría afirmar
que me reconozco en mis manos:
con ellas escribo,
me visto,
me pienso,
me despabilo,
me sostengo.

Qué vacío habitará sus falanges
cuando corte su hilo
la última estrella,
cuando no queden
juguetes por guardar
ni taza de chocolate esperando
la caricia de alguien más.

Cómo podré guiarme
sin sus ojos,
abrigarme y oponer
manta al frío,
o evitar
ser ese renglón vacío
en mi poema final.

Llegado el momento,
cuando el mundo acabe su prisa,
nunca será más oportuno
dejarlo todo en sus manos.
Pura melancolía pero también vitalidad.
Las manos, nuestro fundamento para la creación, el pensamiento y la existencia.

Saludos
 
¿Qué seríamos sin manos? Buenas reflexiones nos compartes al respecto. Buen poema.

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