Máquina solitaria

Raamses

Poeta asiduo al portal
Gritaba el cólico en mi columna vertebral
poner mi corazón en bandeja de plata a entregar
un frío punzante en los hombros abandonados
no importaba ya si tenía la razón de mi lado.

No sé cuando perdí la fe,
no siento ilusión ya por nada,
día a día las sonrisas eran más de concreto
¿quién podría sentir siquiera desprecio por el robot de mí?

Y ayer corté mi muñeca
la sangre derramada ardió en llamas al tocar cerillas
soy una máquina cuyas venas sólo bombean bencina
los huesos son engranajes mal aceitados
la empatía es la ausencia de los sueños al dormir
y el amor es simular un extraño palpitar.

Dentro de mi pecho sólo habita una tuerca trabada,
lo que llevo por ojos son esferas fluorescentes,
nada podría yo sentir si rompen en mí
eso que tú dices que son promesas,
si me engañas en mi rostro yo no notaría la diferencia.

Y ayer cometí el engaño de enamorarme
pero las carcajadas volaron por los aires
nadie desperdiciaría una caricia al hierro de mi piel
¡nadie atesoraría un sentimiento sintético!
en mis tareas repetitivas sólo voy de allá para acá
no dejo estela por donde paso
soy una perfecta máquina
y si las máquinas mueren yo no sentí morir.

Y ayer quise recordar que era llorar
pero ese comando falló en éste inmenso vacío
porque las máquinas no sienten la soledad
¡no sienten nada!
golpéame contra la arena caliente
humíllame frente al basto cielo
y seguiré de pie inmune contra el horizonte.

Puedes quebrarme eso que tú llamas corazón
yo no notaré esfumarse de mí lo que tú sí tienes por dentro
fíjame en la tormenta, el dolor sólo logrará oxidarme y nada más
no entiendo cuando todos hablan de la “felicidad”.
 

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