Saber
Poeta recién llegado
Antes que nada, quisiera aclarar algo: Este poema es muy personal. Algunas versos parecerán fuera de lugar, pero hablan de mi historia con una amiga muy querida que me fue arrancada de mis brazos. La extraño.
Caen lúgubres las moribundas hojas,
Las dalias florecen, el viento sopla,
Y en tu soledad, te marchitas
incolora rosa.
Lo lamento, señorita,
creo que no me recuerda.
Sé que ha pasado mucho tiempo,
que muchos lágrimas han llorado,
que muchos desgraciados han suspirado,
que muchas veces han cantado
himnos de vida, las aves.
Sé que ha pasado mucho tiempo
desde que estuviste a mi lado
al todo verse derrumbado
por el egoísmo.
Sé que las flores huelen a vida,
que el césped es un abrazo de la tierra
que siempre que pasa algo,
por horrible que parezca,
siempre alguien se alegra.
Sé que no me oyes,
que tu manto de tierra,
tu cajón de madera,
y tu tristeza
amortiguan todo sonido.
Sé que mis lágrimas
-como los ríos de sangre
de tu cuerpo destrozado-
no importan para nadie.
Sé que no me ves,
como el alcohol hizo
que él no te viera.
Sé que me quisiste,
que yo te quise,
pero de nada sirve extrañarte
de nada sirve añorarte
si no tengo fe...
Si creo que no existir
es mi destino...
Si creo que morir
es el final.
Te extraño.
Caen lúgubres las hojas moribundas,
y sobre ellas, un rocío de melancolía.
Florecen las dalias en un campo de muerte
en el otoño de mi nostalgia.
Las dalias florecen, el viento sopla,
Y en tu soledad, te marchitas
incolora rosa.
Lo lamento, señorita,
creo que no me recuerda.
Sé que ha pasado mucho tiempo,
que muchos lágrimas han llorado,
que muchos desgraciados han suspirado,
que muchas veces han cantado
himnos de vida, las aves.
Sé que ha pasado mucho tiempo
desde que estuviste a mi lado
al todo verse derrumbado
por el egoísmo.
Sé que las flores huelen a vida,
que el césped es un abrazo de la tierra
que siempre que pasa algo,
por horrible que parezca,
siempre alguien se alegra.
Sé que no me oyes,
que tu manto de tierra,
tu cajón de madera,
y tu tristeza
amortiguan todo sonido.
Sé que mis lágrimas
-como los ríos de sangre
de tu cuerpo destrozado-
no importan para nadie.
Sé que no me ves,
como el alcohol hizo
que él no te viera.
Sé que me quisiste,
que yo te quise,
pero de nada sirve extrañarte
de nada sirve añorarte
si no tengo fe...
Si creo que no existir
es mi destino...
Si creo que morir
es el final.
Te extraño.
Caen lúgubres las hojas moribundas,
y sobre ellas, un rocío de melancolía.
Florecen las dalias en un campo de muerte
en el otoño de mi nostalgia.