David Valdés Estrada
Fantasma sin número
Para Marcela, inmortal a pesar de la distancia
Nos une Neruda
y nos une Skármeta.
Nos une tu color rosa
y esta mi cabeza hueca.
Nos une un domingo
lejano en Nariño
en una casa de campo,
y tú, mi imposible cariño.
México un día
Fue un lugar tan vacío sin ti,
pero tú me juraste
no perderme en tu olvido.
Marcela jamás se llamó Beatriz
y yo jamás supe ser un buen cartero.
Mi correspondencia fue Sabines
y sin convencerte de ser amorosa,
el poeta puso en tu boca,
canciones sólo conocidas
por personas sin papeles de constancia
en este mundo.
Perdiste el miedo a cortar rosas en las alcantarillas
cuando me dejaste tocar tu corazón entregado.
Por unos momentos me hiciste sentir
lo que se siente el amor
cuando pega a los catorce años.
Y algún día me permití percibir
lo que es vivir la realidad en los sueños.
Fui a esperarte en el aeropuerto
y al encontrarme con un comité
rarísimo de bienvenida,
pude ver las costuras
de esa onírica novela
que una salamandra escribía.
Decidí despertar
y tararear una canción jamás terminada
que un día tú pudiste escuchar
para comprobar que aún en mi mente habitabas.
Y así se pasaron y transcurrieron los días
y este amor que un día fue
y amistad se volvía,
hoy es un foco estelar
que a pesar de la indiferencia,
de los sueños trepados al patíbulo,
y de esa inocencia que fue llevada
a una silla eléctrica,
hoy puedo decirte que te quiero,
que te quiero tanto todavía.
y nos une Skármeta.
Nos une tu color rosa
y esta mi cabeza hueca.
Nos une un domingo
lejano en Nariño
en una casa de campo,
y tú, mi imposible cariño.
México un día
Fue un lugar tan vacío sin ti,
pero tú me juraste
no perderme en tu olvido.
Marcela jamás se llamó Beatriz
y yo jamás supe ser un buen cartero.
Mi correspondencia fue Sabines
y sin convencerte de ser amorosa,
el poeta puso en tu boca,
canciones sólo conocidas
por personas sin papeles de constancia
en este mundo.
Perdiste el miedo a cortar rosas en las alcantarillas
cuando me dejaste tocar tu corazón entregado.
Por unos momentos me hiciste sentir
lo que se siente el amor
cuando pega a los catorce años.
Y algún día me permití percibir
lo que es vivir la realidad en los sueños.
Fui a esperarte en el aeropuerto
y al encontrarme con un comité
rarísimo de bienvenida,
pude ver las costuras
de esa onírica novela
que una salamandra escribía.
Decidí despertar
y tararear una canción jamás terminada
que un día tú pudiste escuchar
para comprobar que aún en mi mente habitabas.
Y así se pasaron y transcurrieron los días
y este amor que un día fue
y amistad se volvía,
hoy es un foco estelar
que a pesar de la indiferencia,
de los sueños trepados al patíbulo,
y de esa inocencia que fue llevada
a una silla eléctrica,
hoy puedo decirte que te quiero,
que te quiero tanto todavía.