Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El veneno que mata el alma lo vende tu sombra
junto a la nota de amor más ingrata del mundo,
dura poco menos de un segundo
en llegar a la sangre el aroma que empapa mi ropa.
Las especias de esta cena insensata
no saben mantener la gracia que te ofrecí,
las puertas del infierno son cosa barata
comparadas con las compañías con las que viví.
Tengo renco el amor de mi santa,
bizca la pasión y borracha la memoria,
un receso y olvido olvidar esta historia
que no digan que puse excusas para no verte partir.
Me reencuentro conmigo a media hora de mi muerte
nunca he sido tan fuerte
desde que supe que vivía,
e incluso ahora en esta melancolía
descifré el infame recuerdo de nunca llorar.
Las cosas que no tienen solución mueren siempre
las que la tenían y no la encontraron se maldijeron,
en la caverna de los tontos descorcho un ron añejo
una copa por favor y un poco de hielo
para saber que el veneno es vivir sin amar.
El féretro en que viajo no lleva marcha fúnebre,
lleva fuego en la cumbre
la hoguera en que me quemaron por blasfemar.
Mil mentiras más mil verdades menos
este tinte que pusieron en mi veneno
tiene más de un siglo de expiración,
en la crisis en que estoy
no me salvan los santos ni la santa comunión.
En la sangre llevo un último delito
el de decir las cosas que pienso antes de ser tarde,
si por esto me muero solito
que no llore el infinito
que sepa que voy a buscarle.
Las cosas que no tienen solución nunca mueren
ni se equivoca la desgracia pensando en huidas,
desde que tengo saliva en la boca
sé que hay más maldición en vivir tranquilo
que en morir pecando.
junto a la nota de amor más ingrata del mundo,
dura poco menos de un segundo
en llegar a la sangre el aroma que empapa mi ropa.
Las especias de esta cena insensata
no saben mantener la gracia que te ofrecí,
las puertas del infierno son cosa barata
comparadas con las compañías con las que viví.
Tengo renco el amor de mi santa,
bizca la pasión y borracha la memoria,
un receso y olvido olvidar esta historia
que no digan que puse excusas para no verte partir.
Me reencuentro conmigo a media hora de mi muerte
nunca he sido tan fuerte
desde que supe que vivía,
e incluso ahora en esta melancolía
descifré el infame recuerdo de nunca llorar.
Las cosas que no tienen solución mueren siempre
las que la tenían y no la encontraron se maldijeron,
en la caverna de los tontos descorcho un ron añejo
una copa por favor y un poco de hielo
para saber que el veneno es vivir sin amar.
El féretro en que viajo no lleva marcha fúnebre,
lleva fuego en la cumbre
la hoguera en que me quemaron por blasfemar.
Mil mentiras más mil verdades menos
este tinte que pusieron en mi veneno
tiene más de un siglo de expiración,
en la crisis en que estoy
no me salvan los santos ni la santa comunión.
En la sangre llevo un último delito
el de decir las cosas que pienso antes de ser tarde,
si por esto me muero solito
que no llore el infinito
que sepa que voy a buscarle.
Las cosas que no tienen solución nunca mueren
ni se equivoca la desgracia pensando en huidas,
desde que tengo saliva en la boca
sé que hay más maldición en vivir tranquilo
que en morir pecando.
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