Himinglaeva
Poeta que considera el portal su segunda casa
Marchita
Este amor que por mis venas recorría,
me quemaba la piel en su veloz travesía
despertaba las pasiones, agitando corazones
me llenaba plenamente mientras así me sentía.
Es amargo recordar lo que dulce fue un día.
¿Qué paso? ¿Qué sucedió?
Acaso se moría a pasos lentos o veloces
mientras callada lo sufría.
¡Me negaba, aceptarlo no quería!
Sería la monotonía la que todo se llevo
con el pasar de los días
y dejo en su lugar esta gran agonía.
Cuantas veces grite en silencio
Cuantas otras a los cuatro vientos
más no pudiste escuchar ni el eco,
no comprendiste mis sentimientos.
Tu presencia era la ausencia que iba dejándome vacía
con el alma helada las ilusiones atadas
las esperanzas cansadas de alimentar los sueños
que reinaban en mi vida como los únicos dueños
de mis fantasías,
las que sustentaban mis días.
Hoy solo me queda esta gran agonía
el sabor dulce amargo del recuerdo de esos días,
donde yo por tu amor moría
hoy muero de tristeza, muero de dolor.
¿Porque si me amabas tanto nunca lo decías?
¿Porque no pudiste ver más allá de mi piel?
Porque te dedicaste a vivir día por día
sin demostrarme ese amor, que me correspondía
el que hubiese crecido más con el pasar de los días
y me dejaste marchitar como una flor en sequía.
Este amor que por mis venas recorría,
me quemaba la piel en su veloz travesía
despertaba las pasiones, agitando corazones
me llenaba plenamente mientras así me sentía.
Es amargo recordar lo que dulce fue un día.
¿Qué paso? ¿Qué sucedió?
Acaso se moría a pasos lentos o veloces
mientras callada lo sufría.
¡Me negaba, aceptarlo no quería!
Sería la monotonía la que todo se llevo
con el pasar de los días
y dejo en su lugar esta gran agonía.
Cuantas veces grite en silencio
Cuantas otras a los cuatro vientos
más no pudiste escuchar ni el eco,
no comprendiste mis sentimientos.
Tu presencia era la ausencia que iba dejándome vacía
con el alma helada las ilusiones atadas
las esperanzas cansadas de alimentar los sueños
que reinaban en mi vida como los únicos dueños
de mis fantasías,
las que sustentaban mis días.
Hoy solo me queda esta gran agonía
el sabor dulce amargo del recuerdo de esos días,
donde yo por tu amor moría
hoy muero de tristeza, muero de dolor.
¿Porque si me amabas tanto nunca lo decías?
¿Porque no pudiste ver más allá de mi piel?
Porque te dedicaste a vivir día por día
sin demostrarme ese amor, que me correspondía
el que hubiese crecido más con el pasar de los días
y me dejaste marchitar como una flor en sequía.
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