BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay algo allí abandonado.
Se entierra entre laureles adormecidos,
entre tierra apelmazada y flores agostadas
por el verano.
Hay algo profundamente dormido, fuera
algo que duerme oculto en muelles marinos
en rocas sombreadas por dificultosos trajes
en atuendos inmersos en balsas de agua potable.
Algo que habilita los rojos atardeceres y las piernas
las abre e intenta resolver fragmentos de noches y
vestigios de músicas humilladas.
Algo que no vuelve y no regresa, algo que está
estancado, como esperando hablar de nuevo.
Algo que coge la rienda y la suelta y espera
recorrer la piel de nuevo. Y es tan incierto,
que la bruma se espesa; y es tan ridículo, que
no llena las bocas del trigo y los cereales.
Algo que sabe a culpa y malestar, a destierro
y a exilio y a letargo; algo dentro de un manantial
que brota exiguo y duerme y no comprende.
Algo, algo dentro de esas mareas.
©
Se entierra entre laureles adormecidos,
entre tierra apelmazada y flores agostadas
por el verano.
Hay algo profundamente dormido, fuera
algo que duerme oculto en muelles marinos
en rocas sombreadas por dificultosos trajes
en atuendos inmersos en balsas de agua potable.
Algo que habilita los rojos atardeceres y las piernas
las abre e intenta resolver fragmentos de noches y
vestigios de músicas humilladas.
Algo que no vuelve y no regresa, algo que está
estancado, como esperando hablar de nuevo.
Algo que coge la rienda y la suelta y espera
recorrer la piel de nuevo. Y es tan incierto,
que la bruma se espesa; y es tan ridículo, que
no llena las bocas del trigo y los cereales.
Algo que sabe a culpa y malestar, a destierro
y a exilio y a letargo; algo dentro de un manantial
que brota exiguo y duerme y no comprende.
Algo, algo dentro de esas mareas.
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