Sira
Poeta fiel al portal
Margaritas a los cerdos
Yo no te amaba,
Yo nunca te amé.
O quizás debiera,
Más bien,
Empezar a asumir que
Ni por asomo quise amarte.
A pesar de mí misma,
Sucumbí.
A pesar de mi raciocinio ofuscado,
A pesar de todos los pesares.
No pude ni supe resistir
El inclemente fragor de los embates;
La insistente quemazón de mis sentimientos.
Sentimientos estériles,
menoscabados.
Sentimientos que tan sólo
engendraron lamentos.
Sentimientos que hasta
los propios cimientos arrasaron.
Y a pesar de mí misma,
Con todo y con eso,
Cedí y me entregué a ti.
Como un cordero que, voluntario,
Por sí mismo descubriese el cuello
Estúpidamente y de buen grado.
En la cúspide de un altar sangriento
Concebimos monstruos entre ambos,
Y ambos parimos, a raudales, vil desprecio.
Cómo te odié entonces, e inclusive ahora
No sabes cuánto me detesto aún por ello.
Porque yo nunca quise amarte,
De ningún modo, y no obstante...
Heme aquí:
Arrojándoles margaritas
a los cerdos.
Yo no te amaba,
Yo nunca te amé.
O quizás debiera,
Más bien,
Empezar a asumir que
Ni por asomo quise amarte.
A pesar de mí misma,
Sucumbí.
A pesar de mi raciocinio ofuscado,
A pesar de todos los pesares.
No pude ni supe resistir
El inclemente fragor de los embates;
La insistente quemazón de mis sentimientos.
Sentimientos estériles,
menoscabados.
Sentimientos que tan sólo
engendraron lamentos.
Sentimientos que hasta
los propios cimientos arrasaron.
Y a pesar de mí misma,
Con todo y con eso,
Cedí y me entregué a ti.
Como un cordero que, voluntario,
Por sí mismo descubriese el cuello
Estúpidamente y de buen grado.
En la cúspide de un altar sangriento
Concebimos monstruos entre ambos,
Y ambos parimos, a raudales, vil desprecio.
Cómo te odié entonces, e inclusive ahora
No sabes cuánto me detesto aún por ello.
Porque yo nunca quise amarte,
De ningún modo, y no obstante...
Heme aquí:
Arrojándoles margaritas
a los cerdos.
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