Camy
Camelia Miranda
Adormila aún la madrugada,
en la palidez de la almohada
y se asoman como sendas,
las notas en preludio,
al canto de pupilas que no han de ver,
sin tiempo, ni medida en la aurora.
Y cae el rocío sin avisar,
suave, sobre la ribera,
en intervalo sin cotas sombrías,
exacta y hambrienta;
al extremo que los ápices alcanzan,
mucho más,
donde la bitácora es una visión.
Y se despierta la música,
como lluvia aventurada.
¡Ah!
benévola,
haciendo caminos
justo al filo de confundirse
y hacerse en conjunto no vacío;
converge y se orilla,
donde la respiración se yuxtapone
con el almíbar de los latidos
y la mudez, en reveladora oración...
ahí, cuando se da color al infinito
y se lían miradas en el arenal.
(Publicado en Mundo Poesía el 30 de Noviembre del 2008)