Enrique Romero
Poeta recién llegado
Atravesó en mis pueblos la llama verdadera
tras la primera luz radiante del día, la vida
y su espada con tus labios me abrasaron,
y las viejas llagas desistieron su partida.
Me habré deshecho en pedazos incalculables
aquella tarde tibia que ya habrás ignorado.
Arribó en mis orillas el azur océano
y con él mis últimas alegrías se ahogaron.
y ya pasaron años, hoy mi fausta careta
ya se cansó de tanta hipocresía,
de esperar, de desechar amapolas muertas;
Ya en tu ausencia, la noche llegó a mis días,
y tus ojos fueron las estrellas inciertas.
Es sólo tu perdón la redención, de esta falta mía.
tras la primera luz radiante del día, la vida
y su espada con tus labios me abrasaron,
y las viejas llagas desistieron su partida.
Me habré deshecho en pedazos incalculables
aquella tarde tibia que ya habrás ignorado.
Arribó en mis orillas el azur océano
y con él mis últimas alegrías se ahogaron.
y ya pasaron años, hoy mi fausta careta
ya se cansó de tanta hipocresía,
de esperar, de desechar amapolas muertas;
Ya en tu ausencia, la noche llegó a mis días,
y tus ojos fueron las estrellas inciertas.
Es sólo tu perdón la redención, de esta falta mía.