LICIUS
Poeta recién llegado
Vivaz voladora, de aire campanas,
que cruzas la tarde... tus brazos de cielo
rodean mi alma con plácido celo,
le llenan de vida, le abren ventanas
por donde le entran las dulces mañanas...
tu aura fragante es sutil golondrina.
Los cielos azules, de hechura tan fina,
permiten en mí tus caricias lozanas.
Escribo mis versos en donde nos vimos,
aquel campanario tan gris, tan severo;
entonces caía un terrible aguacero...
¿te acuerdas que nada de nada dijimos
y sólo con nuestras miradas sentimos
amor tan inmenso...? No existe en el mundo,
ni sobre la tierra ni el cielo fecundo,
amor tan solemne que aquí prometimos
con sólo mirarnos... Instante bendito
que sigue durando en tu alma y la mía.
Por qué te llevó la desgracia, María,
muchacha que alegre de sol infinito,
tejiste en mi pecho diamante exquisito
que brilla, que sigue brillando, ¡un lucero!
Vivaz voladora, tu espíritu entero
en mí permanece... no más necesito.
LICIUS.
Derechos de Autor Reservados.
que cruzas la tarde... tus brazos de cielo
rodean mi alma con plácido celo,
le llenan de vida, le abren ventanas
por donde le entran las dulces mañanas...
tu aura fragante es sutil golondrina.
Los cielos azules, de hechura tan fina,
permiten en mí tus caricias lozanas.
Escribo mis versos en donde nos vimos,
aquel campanario tan gris, tan severo;
entonces caía un terrible aguacero...
¿te acuerdas que nada de nada dijimos
y sólo con nuestras miradas sentimos
amor tan inmenso...? No existe en el mundo,
ni sobre la tierra ni el cielo fecundo,
amor tan solemne que aquí prometimos
con sólo mirarnos... Instante bendito
que sigue durando en tu alma y la mía.
Por qué te llevó la desgracia, María,
muchacha que alegre de sol infinito,
tejiste en mi pecho diamante exquisito
que brilla, que sigue brillando, ¡un lucero!
Vivaz voladora, tu espíritu entero
en mí permanece... no más necesito.
LICIUS.
Derechos de Autor Reservados.