María de los Ángeles

munoztigre

Poeta recién llegado
Como en un silencio
de voces perdidas
te busco en la soledad
de mi memoria…
están los lirios tristes, pesarosos,
añorando tu presencia
de ninfa lejana…
mi alma duerme
el letargo de los siglos,
de los años, de las horas
que he dejado pasar
y que me atormentan…
está mi alma de duelo por ti…
está mi alma en penumbras…
mi alma,
la solitaria,
la triste,
la triste alma de mi silencio
que te busca entre los recuerdos
de un pasado lejano e ignoto…
¿por qué estás tan lejos de mí,
mi pequeña niña de los ojos tristes?
¿por qué tu nombre de ángel
y de cielo
me hace evitar las sonrisas,


los claros atardeceres,
las soledades doradas,
los silencios agrestes que hoy
me atacan furtivamente?
¿por qué tu rostro
me invade la sombra de mis versos,
la luna dorada que me ahoga,
que me hace envidiar la muerte
de mis antiguos poetas?
tu nombre tiene el hastío
de mis palabras
pero la luz que me alumbra…
todo está en silencio…
las sombras del ayer me acechan
con tu rostro de musa dormida…
pero tú, sólo tú,
hija mía,
estás en mi memoria,
en el cielo azul como mi corazón
de mar y de cielo,
de poeta oscuro y desconocido,
de niño huérfano
y de hombre llorando
la ausencia que me hace recordarte
con nostalgia,
con pesar,
con tristeza…
tu nombre parece el silencio
de una voz dormida
que me susurra como el viento
de una lejana tarde de invierno…
tú estás en mi pena,
en el umbral de las palabras
que quiero gritar
desde el ayer hasta la nada…
pero hoy ya nada me reconforta…
soy un alma en pena
que busca el último aullido,
la postrera sentencia
que no llegará
para hacerme padecer
aún más tu lejanía
de vida y de cielo,


tus manos de sílfide celeste
de viento,
de viento y de sol…

 

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