lluvia de enero
Simplemente mujer
.
María Mercedes Carranza (1945-2003). Poeta, periodista, crítica colombiana. A temprana edad viajó a Europa en compañía de su padre y se establecieron en España y Francia. De esta manera, María Mercedes Carranza tuvo la oportunidad de conocer e interactuar con algunos de los poetas más reconocidos de la época: Panero, Rosales, Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, etc. Concluyó sus estudios en la Universidad de los Andes, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía y Letras.
Fue una de las gestoras de la Casa de Poesía Silva, lugar que dirigió desde su inauguración, en 1986, hasta 2003. En la actualidad, en ese mismo lugar, cientos de personas llegan a escuchar, leer e incluso a escribir poesía. La Casa, que ya hace parte de la historia de la ciudad, es como el corazón de Bogotá, donde tiempos e historias se superponen.
María Mercedes Carranza publicó 5 libros de poemas: Vainas y otros poemas (1972), Tengo miedo (1983), Hola, Soledad (1987), Maneras de desamor (1993) y El canto de las moscas (1997). En cada uno de ellos hay un marcado acento en lo coloquial, lo cotidiano.
Su poesía es casi prosódica, sin rasgos rebuscados, las palabras son maleables y sencillas. Los críticos afirman que su estilo poético desprovisto de pompa y artilugios marca la diferencia con la poesía de su padre, el poeta Eduardo Carranza, fundador del grupo Piedra y Cielo, cuya obra alimentó a María Mercedes y al mismo tiempo le infundió la necesidad de buscar su propia voz.
La temática de las obras de la poeta, al igual que la de otros escritores de su generación, refleja una desilusión que tiene que ver con las decepciones cotidianas pero también tiene que ver con la situación del país. Por esta característica en común James Alstrum llamó a los poetas de su época “la generación desencantada”.
María Mercedes había sufrido en carne propia los trágicos golpes de la violencia colombiana. Su hermano Ramiro fue secuestrado, varios de sus mejores amigos murieron asesinados, sucesos que afectaron seriamente la salud anímica de la autora.
María Mercedes Carranza falleció el 11 de julio de 2003, como consecuencia de una sobredosis de antidepresivos.
Datos biográficos extraídos de: http://www.razonpublica.com/index.p...-de-la-muerte-de-maria-mercedes-carranza.html
****************
CANCIÓN DE DOMINGO
Es inútil escoger otro camino,
decidir entre esta palabra herida y el bostezo,
atravesar la puerta tras la cual te vas a perder
o seguir de largo como cualquier olvido.
Es inútil rociar raíces
que sean quimeras, árboles o cicatrices,
cambiar de papel y de escenario,
ser arco, cuerda, puta o sombra,
nombrar y no nombrar, decidirse por las estrellas.
Es inútil llevar prisa y adivinar
porque no hay tiempo para ver
o demorarse la vida entera
en conocer tu rostro en el espejo.
Los lirios, el cemento, esos ojos zarcos,
las nubes que pasan, el olor de un cuerpo,
la silla que recibe la luz oblicua de la tarde,
todo el aire que bebes, toda risa o domingo,
todo te lleva indiferente y fatal hacia tu muerte.
****************
POEMA DEL DESAMOR
Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.
Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que solo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.
¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!
BOGOTÁ, 1982
Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto donde he de andar y desandar
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.
****************
María Mercedes Carranza (1945-2003). Poeta, periodista, crítica colombiana. A temprana edad viajó a Europa en compañía de su padre y se establecieron en España y Francia. De esta manera, María Mercedes Carranza tuvo la oportunidad de conocer e interactuar con algunos de los poetas más reconocidos de la época: Panero, Rosales, Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, etc. Concluyó sus estudios en la Universidad de los Andes, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía y Letras.
Fue una de las gestoras de la Casa de Poesía Silva, lugar que dirigió desde su inauguración, en 1986, hasta 2003. En la actualidad, en ese mismo lugar, cientos de personas llegan a escuchar, leer e incluso a escribir poesía. La Casa, que ya hace parte de la historia de la ciudad, es como el corazón de Bogotá, donde tiempos e historias se superponen.
María Mercedes Carranza publicó 5 libros de poemas: Vainas y otros poemas (1972), Tengo miedo (1983), Hola, Soledad (1987), Maneras de desamor (1993) y El canto de las moscas (1997). En cada uno de ellos hay un marcado acento en lo coloquial, lo cotidiano.
Su poesía es casi prosódica, sin rasgos rebuscados, las palabras son maleables y sencillas. Los críticos afirman que su estilo poético desprovisto de pompa y artilugios marca la diferencia con la poesía de su padre, el poeta Eduardo Carranza, fundador del grupo Piedra y Cielo, cuya obra alimentó a María Mercedes y al mismo tiempo le infundió la necesidad de buscar su propia voz.
La temática de las obras de la poeta, al igual que la de otros escritores de su generación, refleja una desilusión que tiene que ver con las decepciones cotidianas pero también tiene que ver con la situación del país. Por esta característica en común James Alstrum llamó a los poetas de su época “la generación desencantada”.
María Mercedes había sufrido en carne propia los trágicos golpes de la violencia colombiana. Su hermano Ramiro fue secuestrado, varios de sus mejores amigos murieron asesinados, sucesos que afectaron seriamente la salud anímica de la autora.
María Mercedes Carranza falleció el 11 de julio de 2003, como consecuencia de una sobredosis de antidepresivos.
Datos biográficos extraídos de: http://www.razonpublica.com/index.p...-de-la-muerte-de-maria-mercedes-carranza.html
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CANCIÓN DE DOMINGO
Es inútil escoger otro camino,
decidir entre esta palabra herida y el bostezo,
atravesar la puerta tras la cual te vas a perder
o seguir de largo como cualquier olvido.
Es inútil rociar raíces
que sean quimeras, árboles o cicatrices,
cambiar de papel y de escenario,
ser arco, cuerda, puta o sombra,
nombrar y no nombrar, decidirse por las estrellas.
Es inútil llevar prisa y adivinar
porque no hay tiempo para ver
o demorarse la vida entera
en conocer tu rostro en el espejo.
Los lirios, el cemento, esos ojos zarcos,
las nubes que pasan, el olor de un cuerpo,
la silla que recibe la luz oblicua de la tarde,
todo el aire que bebes, toda risa o domingo,
todo te lleva indiferente y fatal hacia tu muerte.
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POEMA DEL DESAMOR
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.
Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que solo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.
¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!
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BOGOTÁ, 1982
Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto donde he de andar y desandar
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.
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