Sombra Invertida
Poeta recién llegado
Hay campos de cebada
con espigas verdes y largas,
reflejos de plata y
un camino solitario,
y las olas, y el viento,
movimientos suaves y sedosos.
En lugar de sal tenemos tierra,
y en lugar de peces ratoncillos:
Una mujer alegre sube aquel camino
mientras todos los animales,
como cómplices del campo,
la contemplan.
El valle está sereno y perfumado.
El cielo está rojo y holgazanea.
Sombrero con vestido de flores:
Por delante, una larga vereda
y por detrás, todo lo que queda.
María tuvo por nombre como
podría haberse llamado Tierra;
de piel tostada y algo antigua,
como la fina corteza de un manzano.
Curtiste la soledad y la hiciste
una tranquila tarde por el campo,
una noche bajo las estrellas;
y hasta las piedras supieron de tu amor,
aquellos guijarros del camino de plata;
Por las tardes, el fresquillo y la silla
alegres te saludaban.
¡Ah María!
Te recordaré subiendo aquel camino,
siempre contenta, siempre serena !
El miedo ya no cabe en este valle,
Ya no quedan soledades;
Y la vida y la muerte se completan,
como el otoño pierde hojas amarillas;
que sueñan y se balancean, suaves,
se balancean.
Dedicado a una abuela muy especial
Más poemas en http://lasombrainvertida.herobo.com/
con espigas verdes y largas,
reflejos de plata y
un camino solitario,
y las olas, y el viento,
movimientos suaves y sedosos.
En lugar de sal tenemos tierra,
y en lugar de peces ratoncillos:
Una mujer alegre sube aquel camino
mientras todos los animales,
como cómplices del campo,
la contemplan.
El valle está sereno y perfumado.
El cielo está rojo y holgazanea.
Sombrero con vestido de flores:
Por delante, una larga vereda
y por detrás, todo lo que queda.
María tuvo por nombre como
podría haberse llamado Tierra;
de piel tostada y algo antigua,
como la fina corteza de un manzano.
Curtiste la soledad y la hiciste
una tranquila tarde por el campo,
una noche bajo las estrellas;
y hasta las piedras supieron de tu amor,
aquellos guijarros del camino de plata;
Por las tardes, el fresquillo y la silla
alegres te saludaban.
¡Ah María!
Te recordaré subiendo aquel camino,
siempre contenta, siempre serena !
El miedo ya no cabe en este valle,
Ya no quedan soledades;
Y la vida y la muerte se completan,
como el otoño pierde hojas amarillas;
que sueñan y se balancean, suaves,
se balancean.
Dedicado a una abuela muy especial
Más poemas en http://lasombrainvertida.herobo.com/