licprof
Poeta fiel al portal
Era una mujer con la que habìa tenido una historia, es decir un romance, un amorìo de verano, o algo asì.
Extrañamente, me hablaba de la virgen Marìa y de su catolicismo ultramontano en Paranà, Provincia de Entre Rìos, o tal vez de los evangèlicos, no recuerdo bien, no me quedò muy claro ...
Despuès, me invitò a su casa, quiero decir, a su depto.
Allì hicimos ciertas cosas inconfesables.
El asunto no durò demasiado porque nos interrumpiò su amiga abogada cuando tocò el timbre.
Poco despuès volvì porque me habìa olvidado un libro (una biografìa de Roberto Arlt).
Nos habìamos conocido en una milonga.
Ella era alta, de cabello y ojos claros. Tenìa un cuerpo digamos escultural y joven.
Lo otro que recuerdo es que nos citamos y me dejò plantado. Enojado, la llamè por telèfono pùblico y poco despuès fui a su casa, en taxi.
Discutimos un poco.
Dìas despuès, estàbamos en una pizzerìa: ella querìa devolverme unos poemas que le habìa prestado.
La ùltima vez que la vi, estaba con su amiga abogada paseando por Parque Rivadavia: casualmente, yo estaba vendiendo libros en la feria de dicho Parque. Estaba a las òrdenes de un poeta barbudo y barrigòn llamado Federico que por aquel entonces, me resultaba muy simpàtico.
No durò mucho aquel trabajo.
Era verano y los puestos de chapa hervìan, literalmente.
Era un infierno andar ofertando libros en verano en un puesto de chapa, a las òrdenes de un poeta invencionista, barrigòn y barbudo.
Si diluviaba una de esas tormentas de verano, los libros se iban navegando hacia el olvido, naufragando como barcos de papel en la avenida cercana.
Me gustaba, no obstante, como escribìa el poeta panzòn y barbudo.
Eran unos poemas que improvisaba en el momento, generalmente acerca de temas amorosos, inspirado en alguna muchacha repentina y cercana, a quien solìa tener la deferencia de obsequiarle el poema en cuestiòn.
Todo terminò una tarde de sàbado en la que discutì con el poeta y me dirigì raudamente hacia alguna milonga cèntrica.
O acaso fui a ver una obra de teatro.
O ambas cosas.
No recuerdo bien.
Extrañamente, me hablaba de la virgen Marìa y de su catolicismo ultramontano en Paranà, Provincia de Entre Rìos, o tal vez de los evangèlicos, no recuerdo bien, no me quedò muy claro ...
Despuès, me invitò a su casa, quiero decir, a su depto.
Allì hicimos ciertas cosas inconfesables.
El asunto no durò demasiado porque nos interrumpiò su amiga abogada cuando tocò el timbre.
Poco despuès volvì porque me habìa olvidado un libro (una biografìa de Roberto Arlt).
Nos habìamos conocido en una milonga.
Ella era alta, de cabello y ojos claros. Tenìa un cuerpo digamos escultural y joven.
Lo otro que recuerdo es que nos citamos y me dejò plantado. Enojado, la llamè por telèfono pùblico y poco despuès fui a su casa, en taxi.
Discutimos un poco.
Dìas despuès, estàbamos en una pizzerìa: ella querìa devolverme unos poemas que le habìa prestado.
La ùltima vez que la vi, estaba con su amiga abogada paseando por Parque Rivadavia: casualmente, yo estaba vendiendo libros en la feria de dicho Parque. Estaba a las òrdenes de un poeta barbudo y barrigòn llamado Federico que por aquel entonces, me resultaba muy simpàtico.
No durò mucho aquel trabajo.
Era verano y los puestos de chapa hervìan, literalmente.
Era un infierno andar ofertando libros en verano en un puesto de chapa, a las òrdenes de un poeta invencionista, barrigòn y barbudo.
Si diluviaba una de esas tormentas de verano, los libros se iban navegando hacia el olvido, naufragando como barcos de papel en la avenida cercana.
Me gustaba, no obstante, como escribìa el poeta panzòn y barbudo.
Eran unos poemas que improvisaba en el momento, generalmente acerca de temas amorosos, inspirado en alguna muchacha repentina y cercana, a quien solìa tener la deferencia de obsequiarle el poema en cuestiòn.
Todo terminò una tarde de sàbado en la que discutì con el poeta y me dirigì raudamente hacia alguna milonga cèntrica.
O acaso fui a ver una obra de teatro.
O ambas cosas.
No recuerdo bien.