Santos Fernández
Poeta recién llegado
Maribel (... a una jóven peruana )
De Lima hacia Cibeles ha cruzado una moza
con voz que preconiza las musas primorosas,
ha querido veredas donde sembrar claveles
en hispanas praderas que calmen padecer.
Olivos y viñedos acudieron vistosos
al reclamo presuroso de la bella peregrina,
cubriendo con aromas su cuerpo de las brumas,
el llanto de nostalgia.., la herida que le abruma.
Albergan pedregales sus primeras andanzas
en internos parajes sin luces ni alabanzas
con iras contenidas para esconder temores
y su afán cruzaba espacios.., fértiles de amores.
¡Ay! de mi limeña querida por esa fe que atenaza
cantando al Sol alegrías mientras la pasión le abraza,
renuente del solitario que la voz del alma acalla
cuando el fervor es ausencia y la esperanza recaba.
¡Venga! , la canela divina a rescatar esta flor
que si padece es ortiga pues la convierte el dolor,
vengan.., rosas y jazmines a devolver su lisura
y renueven, blanca y pura, su maculada inocencia,
si la aurora allende mares se lamenta haber cedido
una Novia tan querida por los dioses de los Andes.
Santos Fernández
Poemario Las Diosas Panchagas
CEPECE-NC1611-p25-03/2008, Madrid
De Lima hacia Cibeles ha cruzado una moza
con voz que preconiza las musas primorosas,
ha querido veredas donde sembrar claveles
en hispanas praderas que calmen padecer.
Olivos y viñedos acudieron vistosos
al reclamo presuroso de la bella peregrina,
cubriendo con aromas su cuerpo de las brumas,
el llanto de nostalgia.., la herida que le abruma.
Albergan pedregales sus primeras andanzas
en internos parajes sin luces ni alabanzas
con iras contenidas para esconder temores
y su afán cruzaba espacios.., fértiles de amores.
¡Ay! de mi limeña querida por esa fe que atenaza
cantando al Sol alegrías mientras la pasión le abraza,
renuente del solitario que la voz del alma acalla
cuando el fervor es ausencia y la esperanza recaba.
¡Venga! , la canela divina a rescatar esta flor
que si padece es ortiga pues la convierte el dolor,
vengan.., rosas y jazmines a devolver su lisura
y renueven, blanca y pura, su maculada inocencia,
si la aurora allende mares se lamenta haber cedido
una Novia tan querida por los dioses de los Andes.
Santos Fernández
Poemario Las Diosas Panchagas
CEPECE-NC1611-p25-03/2008, Madrid