tamarapastrana
Poeta fiel al portal
Rasgando sus ropajes,
ropajes finos que mucho valían,
cortando su propia piel,
dibujando con su sangre
lo que se le impedía decir,
así, así vivió la pequeña Marie.
Mirada vacía, perdida,
mirada de un ángel caído
al olvido de un dios,
sonrisa olvidada,
muñecas sangrantes,
que ya no sentían dolor.
Corazón entumecido
ante la falta de uso,
así, así vivió la pequeña Marie.
Escondida en algún rincón de su mansión
a solas con su sangre y su pequeño peluche ya si ojos,
escondida bajo la sombra de los mayores,
obedecía y callaba
y rasgaba sus propias manos por la impotencia
y el temor.
Un buen día, sus muñecas se cubrieron
de rojo intenso,
sus venas se vaciaron por fin.
Recostada en su ataúd alguien
de pronto notó, cada marca en sus manos,
en sus brazos, cada expresión
que le fue negada hacer
Su llanto será eterno, el llanto del remordimiento
Ella descansa y será feliz por siempre
ropajes finos que mucho valían,
cortando su propia piel,
dibujando con su sangre
lo que se le impedía decir,
así, así vivió la pequeña Marie.
Mirada vacía, perdida,
mirada de un ángel caído
al olvido de un dios,
sonrisa olvidada,
muñecas sangrantes,
que ya no sentían dolor.
Corazón entumecido
ante la falta de uso,
así, así vivió la pequeña Marie.
Escondida en algún rincón de su mansión
a solas con su sangre y su pequeño peluche ya si ojos,
escondida bajo la sombra de los mayores,
obedecía y callaba
y rasgaba sus propias manos por la impotencia
y el temor.
Un buen día, sus muñecas se cubrieron
de rojo intenso,
sus venas se vaciaron por fin.
Recostada en su ataúd alguien
de pronto notó, cada marca en sus manos,
en sus brazos, cada expresión
que le fue negada hacer
Su llanto será eterno, el llanto del remordimiento
Ella descansa y será feliz por siempre