mariel

wilson yupanqui

Poeta asiduo al portal
Cansado de rodar a la ventura ,ausente y ermitaño
por senderos casi borrados con los años,
me he sentado a contemplar la naturaleza.
Descalzo mis pies para sentir la tierra sedienta todavía
aún con el último recodo que me queda, de esta vida en retirada.
Aquí, frente al mar, confidente de mis devaneos, veo morir la tarde,
en medio de esta soledad que me domina,
hoy que en mi cielo solo hay nubes negras
como negra la sombra de esta tarde fría,
pareciera que voy pagando una culpa infinita
de una sórdida historia que debo ocultar;
hoy, desde este mi lecho de miseria, me embarga la desdicha
y es mas triste el crepúsculo en esta tarde que se va.
Sentado desde aquí, miro el tiempo en retrospectiva
el camino de tantas jornadas,
veo vagar con pasos fatigados
nuestros momentos en el limbo del tiempo;
que triste es revivir de los escombros los años nuestros
la grandeza de otros atardeceres,
deseos consumados, besos y te quieros.
Hoy volví a abrir mi puerta a la nostalgia
y entraste rauda en desbandada,
como gaviota que busca de una playa lejana
la orilla tibia donde descansar.
Hoy recogí los pasos perdidos un día
por los lugares que ayer anduvimos,
nuestros suenos regados sin fin.
¿Sabes que aun respiran esperanzas, aun laten existir?
Será que en aquel verano tuyo, el de tus ojos gitanos
juraste a escondidas no dejarlos morir.
Mariel; escribimos una hermosa elegía
y mi inquieto corazón de esos entonces, no te olvida.
Como un lamento de Vallejo, como un poema de Neruda
o el tintineo de las campanas de la catedral, vives en mi,
como un aspa de luz en mi mirar,
ahuyentando pájaros en mi nido de angustias
deshilando dolores en esta crónica melancolía,
sembrando esperanzas en mi extinto jardín.
Mariel, te ame mucho, dime si así me amaste tu
aun con tu ultima mirada;
con esa sinceridad que yo te conozco
dime si eran mías esas lágrimas contenidas,
y el temblor de tus labios que nada decían
y los latidos de tu corazón como de reloj malogrado,
dime si eran míos los gestos de tus manos
de tus manos de nácar que al viento agitabas,
y el color de tu rostro, la tristeza de tu mirada;
pero que tonto mujer no darme cuenta de nada.
Mariel, yo como tu, también callé palabras
mientras las rosas miedosas nos miraban;
dejando que el orgullo nos vuelva miserables
nos gobierne con su espada,dejamos escapar la magia,
dejamos desatarse el nudo que unía nuestras almas.
¿Pero sabes Mariel?
Hoy que volví a mirar en retrospectiva
el mundo que dejamos se marchara,
todas las cosas nuestras las vi,
no han muerto todavía, aun están allí;
ellas esperan que algún día, tu voz junto a la mía,
como a Lázaro le digan, levántate y camina
y vernos juntos de nuevo sonreír.
 
Última edición:
gracias amigo, grsciass x la observacion , la tendre en cuenta, escribo en una portatil americana y esas le faltan una letra pero ni modo , repasare mis poemas para darles mas sentidos, nuevamente gracias, es dificil escribir desde aqui bagdad, irak pero hago todo lo posible.
 

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