Cuando viniste aquí, ¿nadie te dijo que no podías ser feliz?
Pero aún así, viniste, quisiste ser igual que el resto
(-tener pasado, adorar el verano, recuperar el oro)
te empeñaste en desobedecer tus propias reglas
una vez que surgiste desde el viento. ¿Acaso nadie te lo dijo?
Porque es que aquí tú eres un ángel y aquí los ángeles nunca beben alcohol
y, mucho menos, quieren, alguna vez, casarse, ya que sus alas pueden aplastarse por el sol.
Huye, haz la maleta, y vete. Vete al fin cuando creas que detrás de las puertas no te escondes.
-kisssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss- todos duermen.
Y corre, corre hasta que se descongele de tu cuerpo sin vida
todo el que ahora te fluye lentamente,
que está casi parado y te ensombrece
como carbón cayendo, bajando de los cielos, derribado.
La fría nieve enfriará el camino, así que coge un tren,
huye del autobús. O mejor, vuela.