Fantasma Herido
Poeta recién llegado
MARIONETA
Desciendes en mi locura y te enfrentas a la bestia
Imperante de mis facultades; le haces huir
Como la sangre rutilante escapa de una herida mortal.
Bebes mi esencia, encantadora y lúgubre, para escupirla
Entre risas y desprecios.
Mujer, ¿Conociste aquellos soles que iluminaban mi ventana?
Extintos, marchitos, condenados a la penumbra,
Cómo antorchas moribundas en la tormenta glacial
Dejaste mis ojos desnudos al eterno crepúsculo,
Donde hoy ciego y embriagado escribo estos odiosos versos.
Haz de mí tu inerte marioneta, y devuélveme al baúl de maderas húmedas,
Porque mi tormento es estar vivo, bailando al unísono de tus carcajadas.
Corta estos hilos y entierra mi famélico esqueleto en las profundidades de tu corazón,
Descansaré en aquella cueva como un cadáver descansa
En su sepultura ruin.
Abrázame en la noche, ¡Oh, dama insaciable!, y estrújame
Contra tu pecho, para fundirme en el hierro de tu alma;
Soñaré en tus sueños siniestros, donde las carrozas fúnebres
Arrastran los restos andrajosos de mi cuerpo;
Y en la mañana te despertare con cantos y caricias,
Para que en tu viejo baúl enmohecido,
Resguardes las cenizas de mis huesos.
Michael L.G.
Desciendes en mi locura y te enfrentas a la bestia
Imperante de mis facultades; le haces huir
Como la sangre rutilante escapa de una herida mortal.
Bebes mi esencia, encantadora y lúgubre, para escupirla
Entre risas y desprecios.
Mujer, ¿Conociste aquellos soles que iluminaban mi ventana?
Extintos, marchitos, condenados a la penumbra,
Cómo antorchas moribundas en la tormenta glacial
Dejaste mis ojos desnudos al eterno crepúsculo,
Donde hoy ciego y embriagado escribo estos odiosos versos.
Haz de mí tu inerte marioneta, y devuélveme al baúl de maderas húmedas,
Porque mi tormento es estar vivo, bailando al unísono de tus carcajadas.
Corta estos hilos y entierra mi famélico esqueleto en las profundidades de tu corazón,
Descansaré en aquella cueva como un cadáver descansa
En su sepultura ruin.
Abrázame en la noche, ¡Oh, dama insaciable!, y estrújame
Contra tu pecho, para fundirme en el hierro de tu alma;
Soñaré en tus sueños siniestros, donde las carrozas fúnebres
Arrastran los restos andrajosos de mi cuerpo;
Y en la mañana te despertare con cantos y caricias,
Para que en tu viejo baúl enmohecido,
Resguardes las cenizas de mis huesos.
Michael L.G.
Última edición:
