Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Un desgarro de espada lenta y tirados en el suelo,
como cosas abandonadas, nos lamemos
inútilmente las heridas inaccesibles
de nuestro ultrajado corazón.
Son tan malas las noticias que, sin armas
ni defensas, estamos siendo expulsados
del mundo de los vivos y gemebundos
quedamos a merced de una intemperie
de vidrios rotos, sin médula ni oxígeno.
Porque ya no sabemos construir con las manos
puños que golpean o con nuestras voces
gritos que provocan huracanes o con los pies
riadas que inundan palacios de invierno,
somos náufragos de nuestra propia debacle,
muchedumbre anestesiada cuando esto es la guerra,
desertores de utopías libertarias. Entonces, ¿qué nos queda?,
¿lanzarnos al vacío?, ¿quemarnos a lo bonzo?,
¿descerrajarnos un tiro? o ¿morder el polvo
de la humillación? Desde que nos robaron la cartera,
el discurso, las entrañas y el aliento, ¡cuánto se ríen
de nosotros los faraones de la nueva era!
Convertidos en ridículos títeres, nos manejan
a su antojo provocando su abyecta hilaridad.
Ellos tienen las llaves del futuro
y ya han decidido el nuestro:
buscar en la basura los despojos de su opulencia.
como cosas abandonadas, nos lamemos
inútilmente las heridas inaccesibles
de nuestro ultrajado corazón.
Son tan malas las noticias que, sin armas
ni defensas, estamos siendo expulsados
del mundo de los vivos y gemebundos
quedamos a merced de una intemperie
de vidrios rotos, sin médula ni oxígeno.
Porque ya no sabemos construir con las manos
puños que golpean o con nuestras voces
gritos que provocan huracanes o con los pies
riadas que inundan palacios de invierno,
somos náufragos de nuestra propia debacle,
muchedumbre anestesiada cuando esto es la guerra,
desertores de utopías libertarias. Entonces, ¿qué nos queda?,
¿lanzarnos al vacío?, ¿quemarnos a lo bonzo?,
¿descerrajarnos un tiro? o ¿morder el polvo
de la humillación? Desde que nos robaron la cartera,
el discurso, las entrañas y el aliento, ¡cuánto se ríen
de nosotros los faraones de la nueva era!
Convertidos en ridículos títeres, nos manejan
a su antojo provocando su abyecta hilaridad.
Ellos tienen las llaves del futuro
y ya han decidido el nuestro:
buscar en la basura los despojos de su opulencia.
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