Mariposa compañera

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Porfiada se encrudece la tarde,
deslenguada por el desdén de su alarde,

no te acobardes mariposa,
que las rosas aún gimen y besan,

que las aves cantan y rozan
en ágil vuelo,
contorneando la silueta de todo dios,

y se perciben sus alas, aún más humanas,
como cristal y como carbón,
reflejando y encendiendo la hermosura,
en los albores del firmamento,
áureos paisajes,
aunque ahora diurna cuna,

no te acobardes, deliciosa,
brotarán decididos tus milagros,
cuando se ose contender a la noche,
que aún ella anhela,
como vivida necesidad,

primordial realidad, aún ilusión,

en su lumínica voluntad,

un eterno sueño que debe ser vivido,

le exclamaremos sin temor al reproche,
conciliando sus semblantes
en un único beso,
tan último como cualquier pasado,

porque nutrimos capullos,

indómitos,

crisálida decencia,

latidos profundos,

sus esencias, ignotas y audaces serán,
impulsadas por su tiempo,

volarán,

para que su tierra sepa, nunca hueca,
que el viento también se erige
del sábido ostentó de sus alas,
y que como luna de todo mar
se le concede la elegancia de su fuerza,

mariposa naciente,
ahora, tan tersa y sutil

que aún su fragilidad
no conoce la dureza de nuestro horizonte,

pero no desistimos, ni ella ni nosotros,

sabiéndonos primeros,
vivos y sabios, nunca perdidos,
insistiendo,
insostenibles e internos aleteos,
ellos serán minúsculos, pero artífices,
del eco inmenso,
de su secuencia perfecta,

entre los vastos cielos del cielo,
aún más arriba,
la animosa mirada
de una esperanza inoculada,

cima inescrutable pero entendida,
para aquellos
que aún la muerte no les domina,

inacabada vida,
tan yerta su chispa,
como frío y como fuego
que incinera a puro pulmón
a todos aquellos infiernos celestiales,

será su tierna descendencia,
será la lluvia y el día,
nunca la niebla,
quien nos levante de lo oscuro,

serán las jergas ansiadas,
se entenderán profundamente,
y compartirán sus versos,
alzando vuelo junto a la rima,

como brisa y codorniz,

hacia un benigno y fructífero futuro,

serán sus alas, alma mía.
 
Porfiada se encrudece la tarde,
deslenguada por el desdén de su alarde,

no te acobardes mariposa,
que las rosas aún gimen y besan,

que las aves cantan y rozan
en ágil vuelo,
contorneando la silueta de todo dios,

y se perciben sus alas, aún más humanas,
como cristal y como carbón,
reflejando y encendiendo la hermosura,
en los albores del firmamento,
áureos paisajes,
aunque ahora diurna cuna,

no te acobardes, deliciosa,
brotarán decididos tus milagros,
cuando se ose contender a la noche,
que aún ella anhela,
como vivida necesidad,

primordial realidad, aún ilusión,

en su lumínica voluntad,

un eterno sueño que debe ser vivido,

le exclamaremos sin temor al reproche,
conciliando sus semblantes
en un único beso,
tan último como cualquier pasado,

porque nutrimos capullos,

indómitos,

crisálida decencia,

latidos profundos,

sus esencias, ignotas y audaces serán,
impulsadas por su tiempo,

volarán,

para que su tierra sepa, nunca hueca,
que el viento también se erige
del sábido ostentó de sus alas,
y que como luna de todo mar
se le concede la elegancia de su fuerza,

mariposa naciente,
ahora, tan tersa y sutil

que aún su fragilidad
no conoce la dureza de nuestro horizonte,

pero no desistimos, ni ella ni nosotros,

sabiéndonos primeros,
vivos y sabios, nunca perdidos,
insistiendo,
insostenibles e internos aleteos,
ellos serán minúsculos, pero artífices,
del eco inmenso,
de su secuencia perfecta,

entre los vastos cielos del cielo,
aún más arriba,
la animosa mirada
de una esperanza inoculada,

cima inescrutable pero entendida,
para aquellos
que aún la muerte no les domina,

inacabada vida,
tan yerta su chispa,
como frío y como fuego
que incinera a puro pulmón
a todos aquellos infiernos celestiales,

será su tierna descendencia,
será la lluvia y el día,
nunca la niebla,
quien nos levante de lo oscuro,

serán las jergas ansiadas,
se entenderán profundamente,
y compartirán sus versos,
alzando vuelo junto a la rima,

como brisa y codorniz,

hacia un benigno y fructífero futuro,

serán sus alas, alma mía.
Porfiada, pero queda la esperanza que llega al alma.
Muchas cosas tenemos por compañera cuando nos desahogamos.

Saludos
 

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