PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
En el cielo a miles de angelitos con dulces voces y caritas alegres, les gustaba extender sus alitas revoloteando sobre el arco iris.
Pero últimamente Marita había dejado de acompañarles, ella había encontrado un tesoro escondido en una cuevita cerca de la cascada. Un día desobedeciendo órdenes, Marita se alejó más de la cuenta y lo descubrió. Entró a la cuevita porque percibió un aroma diferente y lo siguió. Eran dulces en cantidades sorprendentes, ¿porqué los habían escondido en ese lugar tan alejado? ella pensó que era injusto ya que cuando pedía uno más, siempre se lo negaron.
Le brillaron los ojitos y tomo uno y otro y otro caramelo y así todos los días. Alguien la echó de menos en los paseos, nadie sabía en donde se entretenía y Marita, cuando aparecía, no les contaba lo de su secreto porque pensaba que sus compañeritos se acabarían su tesoro.
Se volvió muy callada, además siempre tenía miedo de que alguien la siguiera y la atrapara. Sus amiguitos ya no la buscaban porque había cambiado mucho, además se veía diferente.
Un día Dios le preguntó qué le pasaba y ella respondió que nada, escondiendo en sus espaldas uno de los dulces que en ese momento comía, espantada. Y para disimular echó a correr con sus compañeros que en ese momento brincaban de nube en nube, haciendo figuras de animalitos y flores en el cielo.
Entonces pasó algo terrible, Marita no podía sostenerse en las nubes de algodón, más bien las rompía. Los demás empezaron primero a reírse y luego a enojarse, porque estaba estropeando su mejor juego, además al romper las nubes Marita ocasionaba grandes lluvias y truenos que asustaban a todos en la tierra. Ella también se asustó
Entonces llorando confesó su pecado, había desobedecido dejado de comer cosas sanas y llenando su estomago de golosinas, tantas que la habían transformado en una bolita que ya no cabía en su túnica blanca y que sus alitas ya no podían levantar.
Dios bueno la perdonó y ella se sintió contenta, dejó de visitar el lugar prohibido y comió de las frutas y de las verduras que le ofrecían. Contenta volvió a volar y a cantar junto con los demás y nunca más volvió a desobedecer.
Por eso cuando llueve demasiado, con fuertes rayos y truenos, es porque algún angelito goloso ha descubierto la cuevita y ha escondidas come y come, engordando y rompiendo nubes.©
Pero últimamente Marita había dejado de acompañarles, ella había encontrado un tesoro escondido en una cuevita cerca de la cascada. Un día desobedeciendo órdenes, Marita se alejó más de la cuenta y lo descubrió. Entró a la cuevita porque percibió un aroma diferente y lo siguió. Eran dulces en cantidades sorprendentes, ¿porqué los habían escondido en ese lugar tan alejado? ella pensó que era injusto ya que cuando pedía uno más, siempre se lo negaron.
Le brillaron los ojitos y tomo uno y otro y otro caramelo y así todos los días. Alguien la echó de menos en los paseos, nadie sabía en donde se entretenía y Marita, cuando aparecía, no les contaba lo de su secreto porque pensaba que sus compañeritos se acabarían su tesoro.
Se volvió muy callada, además siempre tenía miedo de que alguien la siguiera y la atrapara. Sus amiguitos ya no la buscaban porque había cambiado mucho, además se veía diferente.
Un día Dios le preguntó qué le pasaba y ella respondió que nada, escondiendo en sus espaldas uno de los dulces que en ese momento comía, espantada. Y para disimular echó a correr con sus compañeros que en ese momento brincaban de nube en nube, haciendo figuras de animalitos y flores en el cielo.
Entonces pasó algo terrible, Marita no podía sostenerse en las nubes de algodón, más bien las rompía. Los demás empezaron primero a reírse y luego a enojarse, porque estaba estropeando su mejor juego, además al romper las nubes Marita ocasionaba grandes lluvias y truenos que asustaban a todos en la tierra. Ella también se asustó
Entonces llorando confesó su pecado, había desobedecido dejado de comer cosas sanas y llenando su estomago de golosinas, tantas que la habían transformado en una bolita que ya no cabía en su túnica blanca y que sus alitas ya no podían levantar.
Dios bueno la perdonó y ella se sintió contenta, dejó de visitar el lugar prohibido y comió de las frutas y de las verduras que le ofrecían. Contenta volvió a volar y a cantar junto con los demás y nunca más volvió a desobedecer.
Por eso cuando llueve demasiado, con fuertes rayos y truenos, es porque algún angelito goloso ha descubierto la cuevita y ha escondidas come y come, engordando y rompiendo nubes.©
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