Marshall, tú y yo.

freud21

Poeta fiel al portal
Marshall aprendió
a apuntalarse los parpados con cocaína
siempre que el café no alcanza
a orinar el ron en el mismo útero de donde lo descolcha
a creerse un Ulises sin GPS
sobre las ruedas de su camión
a olvidarla con la excusa
de que las mejores puestas de sol
son las que huelen a asfalto.

pero como tú y yo
Marshall a veces sueña…
y hoy es uno de esos días
en los que con su camisa a cuadros
que ha usado de servilleta en innumerables cenas para uno
con su jeans que puede ofrecer un coloquio
sobre la Gran Depresión o la Guerra Fría
con sus botas
que han pisado más mierda de la prevista por los meteorólogos
más utopías de las que el dentista nos arrancó junto a los cordales
y algunas pestañas de rubias del montón
que aun creen en la amistad de los diamantes,
entra a una tienda de Victoria’s Secret
y va directo a la colección de verano
donde lo esperan las sedas
los encajes
y las eyaculables imágenes de unas flacas pre-anoréxicas.

en la caja paga una tanguita rosa,
pregunta por las coordenadas del baño
y una vez frente al espejo
descubre que afeitarse
quizás
no sea mala idea
y tampoco tirar a la dieta
un poco más de carbohidratos y cerveza…
pero Marshall ahora prefiere abreviar
y de un tirón se baja la portañuela
deja caer el jeans hasta sus rodillas…
entonces
en el espejo
disfruta la tanga de tonos atigrados
que viste desde hace dos días
y siente que sonreír
a pesar de estos tiempos
no es un anacronismo.

Marshall ya en el camión
pisa la noche hasta que rompe la inercia
y vuelve a ser carne de semáforos
cliente de prostíbulos donde le sirven un pedazo de Ítaca
un tipo mitad sangre, mitad números
que con una tanguita rosa entre las nalgas
ahora se atreve a soñar
a esperar…
como tú y yo.
 
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Marshall aprendió
a apuntalarse los parpados con cocaína
siempre que el café no alcanza
a orinar el ron en el mismo útero de donde lo descolcha
a creerse un Ulises sin GPS
sobre las ruedas de su camión
a olvidarla con la excusa
de que las mejores puestas de sol
son las que huelen a asfalto.

pero como tú y yo
Marshall a veces sueña…
y hoy es uno de esos días
en los que con su camisa a cuadros
que ha usado de servilleta en innumerables cenas para uno
con su jeans que puede ofrecer un coloquio
sobre la Gran Depresión o la Guerra Fría
con sus botas
que han pisado más mierda de la prevista por los meteorólogos
más utopías de las que el dentista nos arrancó junto a los cordales
y algunas pestañas de rubias del montón
que aun creen en la amistad de los diamantes,
entra a una tienda de Victoria’s Secret
y va directo a la colección de verano
donde lo esperan las sedas
los encajes
y las eyaculables imágenes de unas flacas pre-anoréxicas.

en la caja paga una tanguita rosa,
pregunta por las coordenadas del baño
y una vez frente al espejo
descubre que afeitarse
quizás
no sea mala idea
y tampoco tirar a la dieta
un poco más de carbohidratos y cerveza…
pero Marshall ahora prefiere abreviar
y de un tirón se baja la portañuela
deja caer el jeans hasta sus rodillas…
entonces
en el espejo
disfruta la tanga de tonos atigrados
que viste desde hace dos días
y siente que sonreír
a pesar de estos tiempos
no es un anacronismo.

Marshall ya en el camión
pisa la noche hasta que rompe la inercia
y vuelve a ser carne de semáforos
cliente de prostíbulos donde le sirven un pedazo de Ítaca
un tipo mitad sangre, mitad números
que con una tanguita rosa entre las nalgas
ahora se atreve a soñar
a esperar…
como tú y yo.

Hoy tomo café con Marshall
quizás nos contemos algunas cosas
de momento estamos de acuerdo en una
los dos admiramos a freud21




 
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