prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora mi sangre es improbable y sus barcos ya hundidos en el mar del frío
alcanzan el fondo arenoso de locura, es martes de grises en las venas
y alveolos de pinos ordenan la luz con indecencia
para que la levitación de los convictos de cera alcance espectros de lodo.
Amémonos entre gestos de perros que emigran de un casino a otro
seamos testigos de la complicidad del hambre con el infortunio
y quién sabe si la inercia de los filones de plutonio es el dolmen que nos hunde
o son los puertos donde se pudren las muertes que a veces trashuman
hacia los mataderos de olivo improvisados por verdugos de humo.
Amémonos, Nayibe, como se aman entre sí los alambres espinados
como se besan con labios de anfibio estas fronteras lejanas
donde la libertad es solamente palabra,
cobijados por deudas más negras que la noche, infinitamente más negras
como si fuéramos parásitos del Anticristo, el polen enfermo de la gloria.
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