Extraño los días cuando antes no escribía, pero más, cuando solo pensaba sin tener la necesidad de darle el destino que leen. La cosa es que cuando pienso de mi, así no lo crean, creo ser un joven de 50 años, un chaval con su historia que recuerda al cada respiro desde sus 7 años, y de los anteriores, es decir, del nacer hasta los seis, pues, hice ya la decisión de no querer saber, sino hasta cuando regrese a los eternos limbos del creer.
Parte de mis palabras me acarician en sueños, otras por el increíble imaginar y el resto, por el diario menú de la vida. Y aunque no entiendo por qué algunas palabras me hacen sonreír y otras a veces llorar, en en fondo creo es porque me dan eso que no concebía fuese yo capaz, escribir.
El mes de Marzo en Oregon es de espejismos, o mejor, un mes donde llueve tanto que las nubes se pintan y se despintan de negras al cada rato y, el sol, tiene un angulo o su cara como mirándote de reojos. No se, es algo bello, como si alguien le pusiera divinos disfraces a este mes. Por esto de las lluvias, Oregon es conocido por los Evergreen o los siempre verdes pinos de navidad y pastos para los estadios de nuestro amado futbol en cada copa del mundo.
Nuestro día empezó con mucha lluvia, pero inexistente por las alegrías de caminar juntos por la orilla del mar y entre tonos de alteradas olas, quizás, por nuestras liberadas risas. Algo hermoso de caminar por las playas de Oregon son las fuertes ráfagas del viento que ponen en libertades al cabello y, eso de verle volar el pelo a una mujer, pues, es la distracción mas bella y tenaz que hace muy bien el mar. Yo diría que lo más bello, aun, es cuando uno le reacomoda o le quita el pelo de su cara a la dama y se encuentra con ese femenino mirar que es la más encarecedora felicidad que hace del vivir lo puramente humano que bien todo pudiera ser.
Así son algunos días, increíbles o raros y nos llevan a lugares que ni se creían existieran o a experiencias, como esta de mi amistad con los escritos.
El restaurante era pequeño, pero indescriptiblemente bonito por lo sencillo y el ambiente natural de las gentes que se miraban, comían y sonreían como si estuvieran haciendo siempre el amor. Nuestra cena llegó, se veia fabulosa y así de igual, muy sabrosa,..a mi parecer, creo que la persona que nos recomendó tal lugar es un genio. Y si, a veces se ríe y se llora sin parar, pero poquisimas veces se hace el amor como si de otras partes del universo y una electricidad que cambia a la mente.. Sé dónde estoy, dónde he estado, he estado con una eléctrica sonrisa de mujer, pero todavía no me entiendo, aunque me siento bien y casi amado. Podrá ser esto posible?
Fidel Guerra.
United States
Marzo, 2017.
Parte de mis palabras me acarician en sueños, otras por el increíble imaginar y el resto, por el diario menú de la vida. Y aunque no entiendo por qué algunas palabras me hacen sonreír y otras a veces llorar, en en fondo creo es porque me dan eso que no concebía fuese yo capaz, escribir.
El mes de Marzo en Oregon es de espejismos, o mejor, un mes donde llueve tanto que las nubes se pintan y se despintan de negras al cada rato y, el sol, tiene un angulo o su cara como mirándote de reojos. No se, es algo bello, como si alguien le pusiera divinos disfraces a este mes. Por esto de las lluvias, Oregon es conocido por los Evergreen o los siempre verdes pinos de navidad y pastos para los estadios de nuestro amado futbol en cada copa del mundo.
Nuestro día empezó con mucha lluvia, pero inexistente por las alegrías de caminar juntos por la orilla del mar y entre tonos de alteradas olas, quizás, por nuestras liberadas risas. Algo hermoso de caminar por las playas de Oregon son las fuertes ráfagas del viento que ponen en libertades al cabello y, eso de verle volar el pelo a una mujer, pues, es la distracción mas bella y tenaz que hace muy bien el mar. Yo diría que lo más bello, aun, es cuando uno le reacomoda o le quita el pelo de su cara a la dama y se encuentra con ese femenino mirar que es la más encarecedora felicidad que hace del vivir lo puramente humano que bien todo pudiera ser.
Así son algunos días, increíbles o raros y nos llevan a lugares que ni se creían existieran o a experiencias, como esta de mi amistad con los escritos.
El restaurante era pequeño, pero indescriptiblemente bonito por lo sencillo y el ambiente natural de las gentes que se miraban, comían y sonreían como si estuvieran haciendo siempre el amor. Nuestra cena llegó, se veia fabulosa y así de igual, muy sabrosa,..a mi parecer, creo que la persona que nos recomendó tal lugar es un genio. Y si, a veces se ríe y se llora sin parar, pero poquisimas veces se hace el amor como si de otras partes del universo y una electricidad que cambia a la mente.. Sé dónde estoy, dónde he estado, he estado con una eléctrica sonrisa de mujer, pero todavía no me entiendo, aunque me siento bien y casi amado. Podrá ser esto posible?
Fidel Guerra.
United States
Marzo, 2017.
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