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Más de mil poemas sin ilusiones

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
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En las colinas aciagas de tus ojos,
donde puse lágrimas a remojo,
no supe definir la clase de funambulismo,
mientras mis versos fueron columna vertebral de tu espejismo.

Tu fantasma danzaba en una sola baldosa,
cocina poseída por fuego y por ceniza,
en mi estómago nubes y relámpagos,
fui tormento de muertos, incinerados versos,
adelanté la fecha de mi suerte cada día.

No vencí, mi victoria era virtual,
no mentí, mi mentira fue piadosa.

Ocultar tu presencia me volvió vulnerable,
lo que hice por ti no fue más que espantar pájaros.

Vivir en una jaula, desnudarse, abrirse en canal,
nada cambio mi estado.
Mis costillas seguían lloviéndose,
y mi carne escampando -escapando-.

Mil mujeres pasaron desde entonces,
por mi silla eléctrica.

Encendí para mis últimos días la cámara de gas,
pero los cuerpos que no lamí se volvieron sedientos,
mientras se evaporaban mis restos,
decoré con láminas mis dedos,
y me convertí en humo,
en cartografía,
en esta Tierra plana.

Cambio de perspectiva,
como en un espectáculo circense.

Caen cebollas del cielo,
y en mi bandeja me deshojo.
 
Última edición:
Encendí para mis últimos días la cámara de gas,
pero los cuerpos que no lamí se volvieron sedientos,
mientras se evaporaban mis restos,
decoré con láminas mis dedos,
y me convertí en humo,
en cartografía,
en esta Tierra plana.

Esta estofa tiene un estrujante mensaje,
dejando una huella en sus letras estimado Ricardo,
 
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En las colinas aciagas de tus ojos,
donde puse lágrimas a remojo,
no supe definir la clase de funambulismo,
mientras mis versos fueron columna vertebral de tu espejismo.

Tu fantasma danzaba en una sola baldosa,
cocina poseída por fuego y por ceniza,
en mi estómago nubes y relámpagos,
fui tormento de muertos, incinerados versos,
adelanté la fecha de mi suerte cada día.

No vencí, mi victoria era virtual,
no mentí, mi mentira fue piadosa.

Ocultar tu presencia me volvió vulnerable,
lo que hice por ti no fue más que espantar pájaros.

Vivir en una jaula, desnudarse, abrirse en canal,
nada cambio mi estado.
Mis costillas seguían lloviéndose,
y mi carne escampando -escapando-.

Mil mujeres pasaron desde entonces,
por mi silla eléctrica.

Encendí para mis últimos días la cámara de gas,
pero los cuerpos que no lamí se volvieron sedientos,
mientras se evaporaban mis restos,
decoré con láminas mis dedos,
y me convertí en humo,
en cartografía,
en esta Tierra plana.

Cambio de perspectiva,
como en un espectáculo circense.

Caen cebollas del cielo,
y en mi bandeja me deshojo.
Un desahogo al comprobar que cada momento vivido se evapora entre
cambios de reflejos. un circo vital donde el vidrio empañado deja
margen para ese elemento capaz de catapultar lo diario. me gusto.
saludos amables de luzyabsenta
 
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