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Más sobre Poesía Urbana

Tema en 'Poesía Urbana' comenzado por Melquiades San Juan, 20 de Enero de 2014. Respuestas: 13 | Visitas: 7701

  1. Melquiades San Juan

    Melquiades San Juan Poeta veterano en MP

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    Hay en nuestro portal muy poco material de Poesía Urbana. Unos cuantos poemas que dejan ver en sus versos las calles, los cafés, los ambientes de las grandes urbes. La mayoría de los seres humanos habita en las grandes urbes, y, sino en una gran urbe, al menos en una ciudad.

    En los círculos literarios se suele estimular al autor para que exprese en sus obras el ambiente urbano. Hay cofradías de poetas que tienen a la poesía urbana como la musa de sus obras. Ella y sus entornos: las sombras se desvanecen para dar paso a los muros, los ventanales, los jardines, las plazas públicas, ambientes todos estos de amoríos y desencantos, de raíces y tragedias humanas.

    Muchos seres humanos no conocen otro espacio de vida que el de las urbes, niños hay que solo conocen su ciudad como su "todo el mundo," el cielo de las ciudades y sus débiles luceros, sus ruidos, sus venas, sus amaneceres y sus ocasos. Uno se pregunta si la permanencia del hombre en las grandes urbes es forzada por el tipo de sociedad que se ha construido, o si es parte de su forma de construir su entorno, su propio universo. El ser humano se adapta tan bien a las ciudades que, talvez, ella siempre ha estado ahí, esperando como un sueño o un paraíso -infierno, para volverse el ambiente principal de la humnidad

    La ciudad se ha vuelto nuestro mundo. Es como un paisaje lunar donde nos deshabitamos mutuamente y convivimos genéricamente. Donde las identidades suelen volverse un tanto cosméticas, parentelas tribales y septuagenales. Es mirar el entorno y descubrir cómo el individuo se resiste a ser masa, y es vencido por todos los pasos, los cuerpos, las miradas que se cruzan y se ignoran. El citadino camina entre muchedumbres interminables tras cuyas máscaras cada uno prefiere, quiere, desea, ser individuo, aunque la voluntad de las urbes les releguen al genérico nombre de masas.

    La ciudad cobija sus extraños romances. De una banqueta a otra, desde desconocidos a parejas ocasionales, sin que medie pasado y apostando a un futuro que quién sabe.

    Por las calles aparecen los amantes y por ellas se pierden.
    En la mesa de un bar se consumen las personalidades en un vano intento de rutina. Vienen y pasan por las sillas y las mesas los comensales esporádicos y ocasionales, ahí el mesero suele ser un notario de huellas pasajeras, se abunda en la propina para conquistar los recuerdos, para presumir al acompañante en turno, y al, muy poco habitual, que se tiene un sitio, un punto, un ambiente en la geografía de las muchedumbres. Doble anhelo que persiste en la locura que consume a las masas, ese juego de ser parte de algún "rolezinho" discriminatorio o del flashmob que se hará vital en los siguientes minutos en youtube.

    Hace tiempo escuché a Erich Von Däniken afirmar que las ciudades eran una especie de preparación humana para conquistar y colonizar el universo habitando espacios encerrados en una burbuja, en un ambiente diseñado para sobrevivir sin un hábitat natural, y hoy, de la mente humana ha nacido Dubay. Las ciudades son modelos artificiales que nos vuelven seres artificiales. Los que habitan en la naturaleza a veces envidian nuestro universo artificial, los seducen las modas, las tendencias, los medios citadinos que venden la propuesta urbana, no solo como una forma de estatus sino como el futuro irreversible.

    Las masas caminan a su destino sin sentirlo, las nuevas generaciones ya no conciben otro tipo de vida, se enferman al contacto con lo natural. Nuestras ciudades de hoy cederán pronto su rostro a nuevas imágenes urbanas, las faunas y floras en una maceta o video. El hombre de hoy volverá las veredas campiranas vecinas algo para un filme de Indiana Jones, lo suyo son las escaleras eléctricas, los elevadores, sus aventuras con el reino animal es con las ratas, los perros y los gatos, mundo animal para callejones y techos en vez de selvas o bosques. Algo vuela, algo estremece sus alas en torno a las vetustas plazas de adoquín donde se niegan al olvido los ocasionales latidos de un romance.

    Quedan muchas huellas humanas que nos convidan a su reflexión desde las silenciosos materiales que componen los muros, las banquetas, las calles. Alguna nube pasa y nos observa, y nos sonríe con sus besos de lluvia. Entre los callejones de los modernos Ghetos los tendederos juegan a hacerse velas de un navío transatlántico mientras los jovenzuelos cambian de voz y se vuelven marineros para la más tempestuosa de todas las travesías, la de la vida.

    La ciudad tiene en sus internos ciertos matices de cariño, y casi, humanidad.

    Hay ciudades progresistas, combatientes, con sus fachadas y sus calles adoctrinadas para repetir con las voces de sus muros las consignas del los hombres indómitos.

    Ciudades testimonios que conservan en sus rostros las huellas de la sangre derramada por los gobiernos malditos: Tlatelolco no es una ruina muda, su visión nos despierta recuerdos infaustos, del sacrificio, de los mártires; en la Plaza de Mayo las flores suelen mostrar imágenes y consignas que reclaman la vuelta de los desaparecidos, ruegan con las abuelas, reclaman para que se derrumben los silenciosos muros. El Palacio de La Moneda muestra siempre a las nuevas generaciones el vientre sacrosanto de su interno sacrificio para que las bestias se avergüencen todo el tiempo y los pueblos no olviden la voz, la prédica, del mártir del pacifismo.

    Hay ciudades benditas con corazón putrefacto, ostentosas estructuras relucientes enamoradas del dorado que presumen los dioses, y por dentro, la depravación humana sigue sin ser conjurada a los avernos del demonio, Sacros y ornamentales ofician y venden el perdón por dominio o por monedas, sobre todo el poder ante los exclusivos núcleos del poder del mundo; en el alma, contrastando a la voz de la doctrina: aman el poder del mundo.

    Ciudades sagradas con sus calles banquetas y muros matizados de sangre, aderezados sus ambientes con el eufórico e incontrolable odio entre hermanos, un gen que se disputa las primogenituras teologales entre bombas y gases dispersores de masas en reclama de un sitio y un derecho a la vida.

    Y ciudades malditas, cuando en el apartheid fueron la cuna de la supremacía de algo tan estúpido como el color de la piel desde el cual se otorgaban todos los derechos; ciudades artificiales como todas las ciudades, las que en vez de hogares se forman con barracas, y sus edificios públicos son las de los celadores y los torturadores, las cámaras de tortura y de la muerte.

    Las hay ciudades mudas y ruidosas. Ciudades hambrientas de voz y de miradas para los seres que se aislan tras audífonos y micro pantallas de cuarzo luminoso. Son ciudades de tristeza porque los abandonos dejan muros vacíos, sin vivencias grandiosas. Ellas quieren hablar, transmitir el mensaje del sol en cada parpadeo, regalar las nostalgias que le guarda a sus vecinos en cuencos de macetas, en los bosques y selvas simulados por los jardines públicos.

    Ciudades testimonio de las mutaciones humanas, del cómo se desprende de la voz y del oído para internarse en los tentáculos de la red internacional donde todos confluyen como un río. Ciudades ruidosas, estridentes, donde ambas cosas se unen para hacerse lo mismo, silencio interno e indiferencia que se niega el saludo y la mirada. Cobijo de arroyuelos artificiales que completan su sitio en el fregadero, en el lavabo, en la tina del baño, para partir con rumbo de los afluentes de aguas negras, corruptas y apestosas, latentes tras las máscaras de los muy bien delineados asfaltos para el caucho vagabundo.

    Todo el canto está aquí y se ha reunido al cuerpo de los hombres. Está de paso una y otro. Como seres biunívocos esperan el derrumbe, unos para la tumba y otra para el escombro.
    Desde aquí, nuestra humanidad se hace posible, se hace misterio que oculta derroteros futuros, duales con los absurdos e incautos paraísos que nos han construido las alas de esperanza. Vive el hombre y vive la ciudad con él en sus calles, banquetas y muros. De ahí surge la voz del juglar moderno, del bardo transnochado y extraviado en los propios laberintos de su evasivo evangelio.

    Después de todo, las ciudades son inocentes del uso de los hombres, indiferentes de sus poderosas emociones, ellas son como cápsulas del tiempo mientras duran, lugar donde se vuelve por algo de nostalgia, donde se habita como si fuera nuestro limbo personal, nuestra casa y nuestra cuna.

    Bajo el manto infinito que alberga todos los pensamientos y los sueños, la ciudad es un puerto donde se anhela llegar tras las tormentas, en un ancla para hacer sentir a nuestros pensamientos, a nuestra alma, que tiene un destino, un origen, un desde dónde vengo, a dónde voy, y un de ahí soy, y al mostrar nuestro muros con sus sombras algo de nuestro ser se funde con orgullo para contar entre esas formas su propia historia de fantasmas cuando parte al silencio.

    La poesía urbana también se expresa en los muros de las ciudades, en las canciones populares, en la ropa y la piel tatuada de los citadinos.



    El poeta Octavio Paz escribe lo siguiente en su ensayo sobre la poesía en la lengua española del siglo XX, "Poesía e Historia", lo siguiente:

    La ciudad no como un horizonte ni un espectáculo, a la manera de los poetas de 1920, extasiados ante los anuncios luminosos, las estaciones de ferrocarril y los autos de carrera. Tampoco me refiero a la ciudad de Baudelaire y los simbolistas, en la que el alumbrado de gas borra las señas del pecado original. Hablo de la ciudad contemporánea, en perpetua construcción y destrucción, novedad de hoy y ruina de pasado mañana; la ciudad vivida o, más bien, convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, restaurantes, salas de conciertos, teatros, reuniones políticas, bares, apartamentos minúsculos en edificios inmensos; la ciudad enorme y cambiante, reducida a un cuarto de unos cuantos metros cuadrados e inacabable como una galaxia; la ciudad de la que no podemos salir nunca sin caer en otra idéntica aunque sea distinta; la ciudad, realidad inmensa y diaria que se resume en dos palabras: los otros. Un ellos que es siempre un yo cercenado de un nosotros, un yo a la deriva. [...] El poeta contemporáneo es un hombre entre los hombres y su soledad es la soledad promiscua del que camina perdido en la multitud. *

    *Fuente: Sombras de Obras, Six barral, Barcelona 1983.


     
    #1
    Última modificación: 16 de Octubre de 2015
    A Sinedie, Uqbar, GEORTRIZIA y 1 persona más les gusta esto.
  2. Karla Incauta

    Karla Incauta Reiniciándome

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    excelente idea, hay muchos con bastante material sobre esto, buenísima idea.
    Besos!
     
    #2
  3. Melquiades San Juan

    Melquiades San Juan Poeta veterano en MP

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    Karlita, si ves alguno por el portal avísame con un aliga vía mensaje privado para traerlos al foro y que estén expuestos aquí para ofrecer más diversidad de temas a los lectores del portal. Abrazos.
     
    #2
  4. Karla Incauta

    Karla Incauta Reiniciándome

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    Ten por seguro que así lo haré, un abrazo!
     
    #3
  5. Melquiades San Juan

    Melquiades San Juan Poeta veterano en MP

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    Para participar en los concursos de poesía, generalmente los organizadores señalan a los poetas un tema. Como una forma de entrenamiento para esos eventos se puede ir señalando una temática periódicamente para que el poeta derrame en el sus virtudes y desarrolle su versatilidad.
     
    #4
  6. Uqbar

    Uqbar Moderadora de Filosóficos. Miembro del Equipo Moderadores

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    He leído tu entrega mientras escuchaba el Requiem de Mozart y creo que le encaja como un guante a esas descripciones de las ciudades que has hecho. Hay mucho que decir es verdad, la primera vez que estuve en Roma me salpicó la historia a la cara con fuerza invasora, Florencia fue la sutileza, Londres me llevó a Sherlock Holmes, Paris a Esmeralda y Quasimodo, Lisboa a los fados... cada ciudad se mezcla con la imaginación del visitante y los ojos se vuelven pinturas de colores.
    Brujas, un cuadro de Van Gogh... Y en todas ellas miles de vidas, miles de historias.
    Me haces volar la imaginación querido Melquiades. Una maravilla tu entrega.

    Abrazos

    Palmira
     
    #5
  7. Luis Fernando Tejada

    Luis Fernando Tejada Poeta reconocido

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    Excelente tu ensayo. Gracias por tenerme en cuenta.
     
    #6
  8. Principe Negro

    Principe Negro Todas mis mentes estan retorcidas.

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    El animal urbano, el mutante de garras, desgarrado. La ciudad y su decadencia, su exilio de la inocencia. Ciudad hetaira - o arrabalera- irredimible, siempre enferma. Sólo los provincianos ven en ella el espejismo de una princesa, de un paraíso. La ciudad es un manicomio de seres degradados en sus infiernos ...

    ... si, es un gran tema de posibilidades -como moscas- para escribir poemas y narrativas, imposible evitarlo.
     
    #7
  9. elwanabi

    elwanabi Poeta recién llegado

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  10. jessia

    jessia Poeta recién llegado

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    Todo de lo que se pueda aprender es buenisimo! la vida es un aprendizaje constante...estoy de acuerdo!
     
    #9
  11. Pessoa

    Pessoa Moderador Foros Surrealistas. Miembro del Equipo Moderadores

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    No se muy bien cómo funciona este hilo, Melquíades; veo una excelente introducción tuya con soberbios ejemplos de poesía urbana. Me voy a permitir dejar un poema, ya antiguo, que escribí cuando era "urbanita" y la ciudad me dolía. Dejo a tu criterio mantenerlo o cambiarlo de ubicación. En todo caso creo que este aspecto de la poesía bien merece un hilo propio.

    NOCTURNO


    La soledad grita entre los callados muros.

    El trágico mendigo apenas cierra su mano

    que ha tendido todo el día

    en un infinito gesto de impudicia.


    La noche recién nublada cubre aleve

    los execrados túmulos de la orgía.


    Máquinas silentes.

    Esparcidos humos.

    Retemblados pasos

    desde la orilla oscura.


    El río,

    El transeúnte río

    Cosido a puentes y a salidas de cloacas.


    Ciudad abominada y necesaria.

    Trazos rectos.

    Viejas cicatrices asfaltadas.

    Neón y vómito conforman

    Su estética canalla.


    Oh máquinas, esperanza del definitivo crimen.

    Admirables grúas,

    Pentagramas lenitivos

    donde apoyo las esparcidas notas

    de mi lento, vacuo, inexorable caminar.

    Ciego caminar bajo la noche.
     
    #10
  12. En-Manuel

    En-Manuel Poeta recién llegado

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  13. equilibrio

    equilibrio Poeta asiduo al portal

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    sueña con crecer en creer mientras todo se divierte veras que te invierte
     
    #12
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  14. Melquiades San Juan

    Melquiades San Juan Poeta veterano en MP

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    Hermoso poema equilibrio, las descripciones de los ambientes citadinos le dan ese sabor especial. Debes publicarlo en el foro de filosóficos y en ocasiones en realistas, en este último foro se revisan más los poemas por razones obvias. Un saludo
     
    #14

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