Venía aquel vaquero, como retando a duelo
a todo aquel que osara, mirarlo frente a frente.
Las manos a los lados, intrépido y valiente,
sus colt, eran estrellas, brillando bajo el cielo.
a todo aquel que osara, mirarlo frente a frente.
Las manos a los lados, intrépido y valiente,
sus colt, eran estrellas, brillando bajo el cielo.
Con flecos a la espalda, de su blanca camisa,
su pantalón al tono, también de flecos largos.
Parecía tan serio, tan serio y sin embargo,
quizás tras el pañuelo, llevara una sonrisa.
su pantalón al tono, también de flecos largos.
Parecía tan serio, tan serio y sin embargo,
quizás tras el pañuelo, llevara una sonrisa.
Venía por la calle, temible y desafiante,
su sombrero irradiaba, su bravura infinita.
Quién se hubiera reído de aquella mascarita,
si a tiros se llevaba, el mundo por delante.
su sombrero irradiaba, su bravura infinita.
Quién se hubiera reído de aquella mascarita,
si a tiros se llevaba, el mundo por delante.
Venía aquel vaquero, de arrogante figura,
con su traje pintado, por cósmica acuarela.
Por fuera tenía el cuerpo, bordado en lentejuela,
pero por dentro el alma… pintada de ternura.
con su traje pintado, por cósmica acuarela.
Por fuera tenía el cuerpo, bordado en lentejuela,
pero por dentro el alma… pintada de ternura.
Marino Fabianesi
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