pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Ella tiene un nido de avispas en la cintura
y sus caderas hablan un idioma
diferente al de mis manos.
Tiene dragones dormidos en el pecho
y entre los dedos un abecedario de gemidos
que alguna vez admite una palabra.
Ella la reina de los miserables,
capaz de lamer los suburbios
me ha confesado al oído
que no me quiere,
que si lo hiciera no le haría falta prometer,
que la promesa es como lanzar la piedra
y esconder la mano.
Yo le he prometido que no habrá más promesas
y que tampoco la quiero
y ella la diosa de los acantilados,
la única luciérnaga que he visto en mi vida
ha sonreído.
También ya lejos de mi oreja,
me ha dicho que debería dejar de escribir.
que si mi meta es publicar algo
soy más estúpido de lo que pensaba.
Que la palabra no se puede encerrar en un libro,
que es como encarcelar las ideas
y que la poesía puede volverse en mi contra
que hay poemas que no arden
por más que en mis manos haya un incendio.
Que la única musa de mi vida es ella
y que ella no me quiere.
Para decir esto último volvió a mi oído
le encanta la intimidad del desprecio.
Luego se ha marchado
sin prometer si volverá
y me he estrellado contra su silueta
de rectas y curvas
y curvas y curvas,
y he quemado un poema con su nombre
y lo cierto es que ha ardido
pero sus versos
ye estaban anclados en mi memoria.
-Deja de escribir, la poesía se vuelve en tu contra, no seas estúpido-.
Tienes razón.
y sus caderas hablan un idioma
diferente al de mis manos.
Tiene dragones dormidos en el pecho
y entre los dedos un abecedario de gemidos
que alguna vez admite una palabra.
Ella la reina de los miserables,
capaz de lamer los suburbios
me ha confesado al oído
que no me quiere,
que si lo hiciera no le haría falta prometer,
que la promesa es como lanzar la piedra
y esconder la mano.
Yo le he prometido que no habrá más promesas
y que tampoco la quiero
y ella la diosa de los acantilados,
la única luciérnaga que he visto en mi vida
ha sonreído.
También ya lejos de mi oreja,
me ha dicho que debería dejar de escribir.
que si mi meta es publicar algo
soy más estúpido de lo que pensaba.
Que la palabra no se puede encerrar en un libro,
que es como encarcelar las ideas
y que la poesía puede volverse en mi contra
que hay poemas que no arden
por más que en mis manos haya un incendio.
Que la única musa de mi vida es ella
y que ella no me quiere.
Para decir esto último volvió a mi oído
le encanta la intimidad del desprecio.
Luego se ha marchado
sin prometer si volverá
y me he estrellado contra su silueta
de rectas y curvas
y curvas y curvas,
y he quemado un poema con su nombre
y lo cierto es que ha ardido
pero sus versos
ye estaban anclados en mi memoria.
-Deja de escribir, la poesía se vuelve en tu contra, no seas estúpido-.
Tienes razón.
::
::, mira::
::!! Se me desmadran hasta los dibujitos).