Bender Carvajal
Poeta recién llegado
La belleza circunda
el puerto de las vaginas en luto,
está de moda ocultarse entre los aires,
moteles con traición de bestias
y carnicería humana contra el amor,
hay belleza como ecos y ecos envejecidos,
nudo irrefrenable,
alianzas ilícitas con la química de los años,
una mujer malgastada
en el deterioro de las alcobas
tiene el cirio magnético
desolado como las arpas mudas,
una mujer derramada de golpe,
desvestida en duelo,
no todas las tierras cultivan celos,
una mujer imitando a la vida,
tertulias transparentes y deplorables,
garabatos erizados como gallinas cluecas,
entierro de primaveras difuntas;
una mujer cuelga desnuda
de su propio crimen contra natura,
hay delgada furia lamiendo nervios,
residencia de pieles, corazones marsupiales,
mediodía de matrimonios, concubinas,
prostitutas, y por demás alguna virgen
desechada como el amparo;
mujer matada de muerte,
pedestal de incubadoras
bajo cero, oxígeno hueco,
tricolor de muslos con amor fracturado,
una mujer que aprieta la brisa
y queda seca, arañada,
áspera con su cariño de gata,
comienzan a bullir los minutos,
se desmantela el cielo,
una mujer con bandada de pezones
deportados, sedienta, ciega, alta,
con altura de pechos
que besó mientras la asediaban,
y el amor entra, penetra, hunde,
mientras la boca traga el coraje
y queda la voz acallada en celo.
el puerto de las vaginas en luto,
está de moda ocultarse entre los aires,
moteles con traición de bestias
y carnicería humana contra el amor,
hay belleza como ecos y ecos envejecidos,
nudo irrefrenable,
alianzas ilícitas con la química de los años,
una mujer malgastada
en el deterioro de las alcobas
tiene el cirio magnético
desolado como las arpas mudas,
una mujer derramada de golpe,
desvestida en duelo,
no todas las tierras cultivan celos,
una mujer imitando a la vida,
tertulias transparentes y deplorables,
garabatos erizados como gallinas cluecas,
entierro de primaveras difuntas;
una mujer cuelga desnuda
de su propio crimen contra natura,
hay delgada furia lamiendo nervios,
residencia de pieles, corazones marsupiales,
mediodía de matrimonios, concubinas,
prostitutas, y por demás alguna virgen
desechada como el amparo;
mujer matada de muerte,
pedestal de incubadoras
bajo cero, oxígeno hueco,
tricolor de muslos con amor fracturado,
una mujer que aprieta la brisa
y queda seca, arañada,
áspera con su cariño de gata,
comienzan a bullir los minutos,
se desmantela el cielo,
una mujer con bandada de pezones
deportados, sedienta, ciega, alta,
con altura de pechos
que besó mientras la asediaban,
y el amor entra, penetra, hunde,
mientras la boca traga el coraje
y queda la voz acallada en celo.