jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
si me hubiera matado en diciembre del año pasado
cuando me dijiste que en realidad no me quieres
tanto como para hacer vida en común conmigo
ya me hubiera ahorrado todo este jodido año de aguantar
la maldita angustia y el dolor y la agonía
de tener que pasar los días sin saber de ti
y estar ahora metido en este puto cuarto
borracho y contemplando el techo en sombras
y tratando de explicarme por qué no estás conmigo
por qué este amor no bajó nunca de la cuerda floja
ni se asentó en el piso y echó para delante
como cualquier otro amor de los que le suceden a la gente
amores tranquilos y azules y de tardes de domingo
amores para ir de compras al supermercado
amores de tomarse la mano y andar paseando por ahí
sin complicarse la vida sin dar tantos rodeos
por qué pareciera como si sólo a mí me ocurrieran
estos sombríos y despiadados y carnívoros amores
estas caídas en los fondos más siniestros de la desolación
estas punzantes visiones del rostro de la muerte
por qué sólo a mí me aplasta el peso de la noche
con toda su oscuridad y espanto y sombra reptante
por qué la maldita lluvia de sal en mi alma
y la serpiente atenazando mi yugular
por qué no me fui de la tierra el año pasado
y sigo respirando ahora y mis ojos están húmedos
por qué mi corazón sigue latiendo
si de todos modos ya estoy muerto
cuando me dijiste que en realidad no me quieres
tanto como para hacer vida en común conmigo
ya me hubiera ahorrado todo este jodido año de aguantar
la maldita angustia y el dolor y la agonía
de tener que pasar los días sin saber de ti
y estar ahora metido en este puto cuarto
borracho y contemplando el techo en sombras
y tratando de explicarme por qué no estás conmigo
por qué este amor no bajó nunca de la cuerda floja
ni se asentó en el piso y echó para delante
como cualquier otro amor de los que le suceden a la gente
amores tranquilos y azules y de tardes de domingo
amores para ir de compras al supermercado
amores de tomarse la mano y andar paseando por ahí
sin complicarse la vida sin dar tantos rodeos
por qué pareciera como si sólo a mí me ocurrieran
estos sombríos y despiadados y carnívoros amores
estas caídas en los fondos más siniestros de la desolación
estas punzantes visiones del rostro de la muerte
por qué sólo a mí me aplasta el peso de la noche
con toda su oscuridad y espanto y sombra reptante
por qué la maldita lluvia de sal en mi alma
y la serpiente atenazando mi yugular
por qué no me fui de la tierra el año pasado
y sigo respirando ahora y mis ojos están húmedos
por qué mi corazón sigue latiendo
si de todos modos ya estoy muerto
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