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Yo no les puedo hablar desde esa voz
de la joven que sufre un embarazo,
que sus sueños se pierden de un plumazo
presos de una maternidad precoz.
Ni de otras tantas voces infantiles
víctimas de costumbres ancestrales,
que arrancan los capullos de rosales
sin dejar que florezcan sus abriles.
Fue mi maternidad afortunada:
Llegó como la luz de un nuevo día
mi sueño convertido en realidad.
Y al sentir que en mi vientre se movía
el fruto de una vida deseada
comprendí del amor su eternidad.
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