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Matilde Alba Swan

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por lluvia de enero, 15 de Mayo de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 1084

  1. lluvia de enero

    lluvia de enero Simplemente mujer

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    Matilde Alba Swan (1912-2000)

    Matilde Kirilovsky de Creimer, escritora, poeta y abogada argentina. Nació el 24 de febrero de 1912 en la localidad de Berisso - Provincia de Buenos Aires, era hija de Alaquin Kirilovsky y de Emma Ioffe.
    Fue una de las pocas mujeres de su tiempo que logró tener una licenciatura universitaria (estudió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata) y una profesión, ya que ejerció como abogada durante más de cincuenta años. Fue asesora en temas de minoridad del Ministerio de Acción Social, del Ministerio de Salud y de diversos Gobernadores de la Provincia de Buenos.
    En poesía publica ocho libros de poemas: Canción y grito (1955); Salmo al retorno (1956); Madera para mi mañana (1957); Tránsito del infinito adentro (1959); Coral y remolino (1960), Grillo y cuna (1971); Con un hijo bajo el brazo (1978); Crónica de mi misma 1980. Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan su promoción para el premio Nobel de Literatura 1992; premio Santa Clara de Asís de 1991; Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991; recibe una de las primeras "Orden del Buen Vecino", premio Municipal de Literatura de La Plata; 3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino, fajas de honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia; Ofrenda de las Instituciones representativas y fuerzas vivas de La Plata por su dedicación de eminente poeta y eterna defensora de la minoridad.- Recibió la estatuilla Stella Maris. Integró jurados de premios nacionales como el "Forti Glori", provinciales y municipales; Mención del Club Universitario de La Plata; Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú; Integró la comisión de honor del Primer Encuentro Latinoamericano de poetas; Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata; Premio Dedicación a la Minoridad otorgado por el Ateneo; Rotario; la Biblioteca Braille le tradujo su ultimo libro al idioma Braille; Accésit al premio Almafuerte; 2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971; 3er. Premio de Poesía
    Ilustrada Municipalidad de La Plata; 2do. Premio de Asociación Judicial Bonaerense.

    Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata. Falleció el 13 de setiembre de 2000 en La Plata.

    Datos biográficos extraídos de: http://www.escritores.org/index.php/biografias/9741-swann-matilde-alba


    ****************


    CRÓNICA DE MÍ MISMA


    Y querer merecerme; de veras merecerme.
    Revisar mis dispersas escrituras,
    mi palabra, revisarme el sollozo,
    la garganta,
    auscultarme el latido, desollarme,
    revisarme las venas, las arterias.
    todo el complejo existencial
    que asumo.

    Revisar mi conducta, mis proyectos,
    lo soñado, ensoñado,
    lo vivido,
    conformarme de nuevo, aun no inscripta,
    sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
    sin verdades ocultas, temerosas,
    sin impulsos,
    sin deserción, sin este yo
    impreciso.

    Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
    prenderme, saberme, perdonarme,
    tanto pude y no hice,
    tanto hice febril
    a manotazos,
    en apremio suicida, lograr algo, dejar
    algo, quedarme allí incrustada,
    en la trama inicial, impenetrable,
    indestructible, quedar, estar,
    ser siempre,
    y vencer de la muerte,
    y de la vida.

    Permanecer y ser, por solo acto
    de ingerencia en un sino
    de criatura.

    Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
    de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
    me hice guiñapo; al costado de holgura,
    fui miseria.
    Quise tanto y a tantos, y la tierra,
    ese soplo de polvo que me aguarda,
    y mi aventura batalladora hecha
    de timidez, de inermidad
    y miedo.
    Estos árboles rudos que me vencen
    la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
    que circunda mis noches y me azuza y me manda
    no dormir, y pensar, y sentir frío,
    y volver al dolor que hice a un costado.
    Yo debo revisarme desde el antes,
    descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
    el por qué, y el hacia adónde, y el por qué
    del por qué de la pregunta.
    Ascender la montaña hacia la cima,
    y mirarme, un abismo,
    en el abismo, y elevarme al azul
    por propio esfuerzo apoyándome en mí,
    envolviéndome en mí,
    desde mí misma,
    tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
    una sola estrella, una sola, o su fulgor
    siquiera, o siquiera seguirla
    desnudando
    mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
    que resquebraja
    cada vez que pienso,
    y estas raíces que me petrifican
    bajo la inercia de un planeta
    muerto.
    Quiero salir maleza a herir caminos,
    y punzarme de heridas, ser, de pronto,
    este mundo y un próximo intuido,
    y recordar, de pronto, un otro antiguo
    mundo en seres golpeados que lloraron
    mucho antes de mí, y que derramaron
    en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.

    Ser el ánfora quieta de una ignota,
    milenaria mansión
    sin nada dentro,
    y esperando.

    Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
    y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
    sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
    de noche y el marinero que perdió la novia,
    la llegada y el puerto, abigarradas
    multitudes ruidosas,
    y en mí, nadie.

    Asomarme a la ardiente boca ígnea
    de un volcán que despierta en el incendio,
    y saber que soy fuego y quemadura,
    que la lava soy yo,
    descascarando;
    desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
    mineral,
    embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.

    Merecerme, de veras merecerme;
    en cuclillas orar, sin darme cuenta,
    porque quiera la entraña de mi madre,
    exhalarme a la luz, y ser pequeña,
    respirar, prometer, ser la esperanza
    para alguien, sin nada más que el hilo,
    que amenaza romper de una esperanza.

    Merecerme de veras; ya retorno
    del altar y del lodo, del sollozo,
    del gemido y del canto, de mi propio
    funeral, y me escucho como corro
    anhelante y jadeante
    a mi bautismo.

    **************​


    ESTA LLUVIA; EL PERDÓN, Y MIS ROSALES


    Y la lluvia sonríe, canta dentro
    del cristal que me habita
    y repercute
    sobre un suelo ya antiguo
    en otras lluvias, y otras tardes miradas
    desde lejos.
    Mi ventana de ver el mundo, abierta,
    y mi puerta a algún náufrago,
    descubro
    que no hay puertas,
    que nunca hubo ninguna
    para abrir, ni cerrar; que estuve afuera.
    Y esta lluvia...
    La tarde me habla quedo
    como un hombre, cansado ya de días,
    que repite y repite la aventura
    no vivida,
    y es su única aventura.
    Que no sea la noche aún, imploro;
    que esta penumbra se prolongue
    y siga.
    Que no llegue la sombra, que no arribe
    la hora parda,
    y el agua me columpia; recién nazco,
    es temprano, necesito
    de la gracia de un pétalo de tiempo,
    del milagro de dar
    mi voz exacta.
    Un rocío ya apenas, esta lluvia
    se ha quedado fulgiendo
    en las corolas
    amarillas y rojas de mi patio.
    En cada gota –yo te absuelvo– escucho,
    de la espina y la herida
    que causaste.
    Esta lluvia, el perdón, y mis rosales.
    Emplumada de gris, vuela la tarde.

    **************

    POBREZA A LOS DIEZ AÑOS

    Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
    de un zapatito roto, opaco, desclavado.
    El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
    Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
    Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
    Hubiera preferido tener rotas las piernas
    y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
    recostada, mirando, me invadía el cansancio
    de ver cómo corrían los otros por el patio.

    Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
    todos zapatos sanos. Me sentía en pecado
    vencida y diminuta, mi corazón sangrando...
    Si supieran los hombres cuánto a los diez años
    puede sufrir un niño por no tener zapatos...
    Qué anticipo de angustia. Todavía perdura
    doliéndome el pasado. El patio de la escuela
    y aquel recreo largo...

    Mi piecesito trémulo, miedoso, acurrucado.
    Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
    Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
    La pobreza no tiene perdón a los diez años.


    ***************​
     
    #1

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