sebastian Himmnerite
Poeta recién llegado
Sol matutino de aquel lejano país, que hiere tus pupilas al despertar
de un lejano sueño de oriente, ansío ser el astro en el que se baña
su piel y poder bendecir cada mañana por estar a su lado.
Contemplaria el hermoso amanecer del infinito de sus ojos
pero vive en lejano país donde el astro rey es contrario al de mi patria
suelo ser peregrino en las vastas alboradas de ambas tierras.
Su reino, mi reino, que nuestro amoroso dios une en un cielo perpetuo.
vivía sueños de amor con ella que me parecen irse y volver con
los rosados dedos del alba matutino, entre lo que nos une, entre lo que nos posee.
Pero vive en lejana nación donde brilla la sempiterna estrella opuesta a la mía
me parecía su corazón cercano, como lo fue, a la mano el jardín del edén
amanecer en su lecho cosa que solo el cielo consigue.
A mí me deja con la ansiedad de su seductora sonrisa al compás de los rayos matinales de dios.
Pero vive en remota tierra donde el día es antagonista del mío.
Mis mañanas se remontan a ella, en la niebla, en el encanto de levante
pero vive en apartado pueblo que es acariciado por la luz de la divinidad
diferente de la que yace en cada una de mis auroras.
Pero vive en extraños parajes iluminados por el sol contrario al mío
pero vive en mis sueños y anhelos que solo ella posee.
Pero vive cerca de dios.
Pero vive en insólito mundo.
de un lejano sueño de oriente, ansío ser el astro en el que se baña
su piel y poder bendecir cada mañana por estar a su lado.
Contemplaria el hermoso amanecer del infinito de sus ojos
pero vive en lejano país donde el astro rey es contrario al de mi patria
suelo ser peregrino en las vastas alboradas de ambas tierras.
Su reino, mi reino, que nuestro amoroso dios une en un cielo perpetuo.
vivía sueños de amor con ella que me parecen irse y volver con
los rosados dedos del alba matutino, entre lo que nos une, entre lo que nos posee.
Pero vive en lejana nación donde brilla la sempiterna estrella opuesta a la mía
me parecía su corazón cercano, como lo fue, a la mano el jardín del edén
amanecer en su lecho cosa que solo el cielo consigue.
A mí me deja con la ansiedad de su seductora sonrisa al compás de los rayos matinales de dios.
Pero vive en remota tierra donde el día es antagonista del mío.
Mis mañanas se remontan a ella, en la niebla, en el encanto de levante
pero vive en apartado pueblo que es acariciado por la luz de la divinidad
diferente de la que yace en cada una de mis auroras.
Pero vive en extraños parajes iluminados por el sol contrario al mío
pero vive en mis sueños y anhelos que solo ella posee.
Pero vive cerca de dios.
Pero vive en insólito mundo.