Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
ME AYUDAN
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Me ayudan:
Aquel lugar donde vi
aquella sonrisa tuya, que
rompiendo mi pétreo epitafio
de desesperanza sin dueño
causó la sonrisa mía
trocándose en mí en aquel día
en perla, tesoro y sueño
Por tal me ayuda aquel sitio
lugar que me dio el destino
de contemplar tu sonrisa
en aquel sitio, ahí
donde primero la vi,
Permitiendo la mañana
que el sol quiebre mi ventana
y amanecer todos mis días
y beber todas mis aguas
y comer todos mis panes
y embriagarme de los vinos
y hablar desde mi garganta
sobre el milagro más grande
y resurrección más santa
... de mi ilusión que moría.
De la razón de mi sangre,
y de toda esta vida mía
sentida ancha y total
contenida en labio claro
y también libre, procaz
O vivida restringida
pero que vive en ti si tú estás
y palpita fuerte si no estás
Razón de toda mi fe
de cuando veré a los ángeles,
y palpar todo el cielo
cuando te vea por siempre
cuando deje de llorar
Me ayuda el lugar del principio,
de mi felicidad,
de mi dolor y mi alivio
cuando yo vuelvo a pasar.
También me ayuda el silencio,
que me acompaña aquí dentro
en vacío sepulcral
Mas así
así me permite quererte
y me permite pensar,
en esas tus manos y dedos,
los que me han hecho aquel día
del foso resucitar.
Dedos que mueven mi sangre,
tus dedos miel de mi piel
que se que tocan maderas
tierras húmedas y sal
tocan campanas ruidosas
y también tocan el mar,
pues yo también en las tardes,
lo suelo triste tocar
Mil aguas frías, saladas
que con su nocturna brisa
trayendo cantos y llantos
profundos de húmedas algas
de las granjas da la mar
platean así tu sonrisa
bañándote por completo
de toda mi soledad
Y pienso lleno de celo,
porque ellas te pueden palpar,
mientras aquí yo me muero,
sin poderte mirar.
Pero el saber de que mojan,
esos, tus dedos de amar,
esas aguas se convierten
en aguas santas de iglesias
Y esas me santifican
me bautizan con tu nombre
esas aguas cuanto ayudan
... esas aguas conquistaron,
también mi pecho tan solo
que aún no besa tu paz.
&&&&&&
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Me ayudan:
Aquel lugar donde vi
aquella sonrisa tuya, que
rompiendo mi pétreo epitafio
de desesperanza sin dueño
causó la sonrisa mía
trocándose en mí en aquel día
en perla, tesoro y sueño
Por tal me ayuda aquel sitio
lugar que me dio el destino
de contemplar tu sonrisa
en aquel sitio, ahí
donde primero la vi,
Permitiendo la mañana
que el sol quiebre mi ventana
y amanecer todos mis días
y beber todas mis aguas
y comer todos mis panes
y embriagarme de los vinos
y hablar desde mi garganta
sobre el milagro más grande
y resurrección más santa
... de mi ilusión que moría.
De la razón de mi sangre,
y de toda esta vida mía
sentida ancha y total
contenida en labio claro
y también libre, procaz
O vivida restringida
pero que vive en ti si tú estás
y palpita fuerte si no estás
Razón de toda mi fe
de cuando veré a los ángeles,
y palpar todo el cielo
cuando te vea por siempre
cuando deje de llorar
Me ayuda el lugar del principio,
de mi felicidad,
de mi dolor y mi alivio
cuando yo vuelvo a pasar.
También me ayuda el silencio,
que me acompaña aquí dentro
en vacío sepulcral
Mas así
así me permite quererte
y me permite pensar,
en esas tus manos y dedos,
los que me han hecho aquel día
del foso resucitar.
Dedos que mueven mi sangre,
tus dedos miel de mi piel
que se que tocan maderas
tierras húmedas y sal
tocan campanas ruidosas
y también tocan el mar,
pues yo también en las tardes,
lo suelo triste tocar
Mil aguas frías, saladas
que con su nocturna brisa
trayendo cantos y llantos
profundos de húmedas algas
de las granjas da la mar
platean así tu sonrisa
bañándote por completo
de toda mi soledad
Y pienso lleno de celo,
porque ellas te pueden palpar,
mientras aquí yo me muero,
sin poderte mirar.
Pero el saber de que mojan,
esos, tus dedos de amar,
esas aguas se convierten
en aguas santas de iglesias
Y esas me santifican
me bautizan con tu nombre
esas aguas cuanto ayudan
... esas aguas conquistaron,
también mi pecho tan solo
que aún no besa tu paz.
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