Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
ME DEDICARÉ
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Ya los vientos están en calma
y la brisa menor, mortecina
de mi silencio,
arrulla el ardor de los surcos
de mi alma;
y como dije:
ya los vientos están en calma;
ya se apagó el eco de mi esperanza;
y en mis mejillas, las andanzas
de esa agua que brotó,
trepidante y espontánea,
ya cesó.
Además,
no está bien que mañana
diga el silencio,
éste que se instaló,
apagando mis quejidos,
que lo recio de la vida,
las columnas de la paz
se estremecieron.
… Diga que un hombre lloró.
Y ahora que,
la tristeza ganó la batalla,
el orgullo y la traición,
se alzaron triunfantes,
en delirante jolgorio,
en opíparo ágape.
Ahora que
estoy tranquilo;
me dedicaré:
a contar las piedras del camino,
a ver los tintes oscuros del ocaso,
la suciedad de los nimbos.
Y a gozar,
la futilidad de otros brazos,
a cortar flores muy pálidas,
a entonar canciones sin son,
… a vivir éste galardón,
de mis errores y angustias;
a ver mis pupilas mustias,
en el espejo del alba;
a enfrentar esta calma,
tan veraz como Judas;
y a oír mi pena muda,
sin tu latir,
sin el amor de mi alma.
&&&&&&
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Ya los vientos están en calma
y la brisa menor, mortecina
de mi silencio,
arrulla el ardor de los surcos
de mi alma;
y como dije:
ya los vientos están en calma;
ya se apagó el eco de mi esperanza;
y en mis mejillas, las andanzas
de esa agua que brotó,
trepidante y espontánea,
ya cesó.
Además,
no está bien que mañana
diga el silencio,
éste que se instaló,
apagando mis quejidos,
que lo recio de la vida,
las columnas de la paz
se estremecieron.
… Diga que un hombre lloró.
Y ahora que,
la tristeza ganó la batalla,
el orgullo y la traición,
se alzaron triunfantes,
en delirante jolgorio,
en opíparo ágape.
Ahora que
estoy tranquilo;
me dedicaré:
a contar las piedras del camino,
a ver los tintes oscuros del ocaso,
la suciedad de los nimbos.
Y a gozar,
la futilidad de otros brazos,
a cortar flores muy pálidas,
a entonar canciones sin son,
… a vivir éste galardón,
de mis errores y angustias;
a ver mis pupilas mustias,
en el espejo del alba;
a enfrentar esta calma,
tan veraz como Judas;
y a oír mi pena muda,
sin tu latir,
sin el amor de mi alma.
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