ISANDA
Anabel Barragán
Necesito mil somníferos.
Para enterrar
las pesadillas, los insomnios,
los sueños más tiernos.
Necesito mil escapadas
al dolor del infierno
que siento
cuando la punzada del recuerdo
en mi pecho se clava.
Necesito mil respiraciones.
Entrecortadas.
Llenas de ansiedad.
Lamentaciones,
intensas contracciones del alma.
Una a una... esperadas.
Sólo para sobrellevar
la herida descarnada.
Sola, desgarrada.
Sin garganta, sin opinión, sin alma....
sin nada!
Con tus estúpidas, falsas palabras.
Puñaladas patéticas,
escritas en la cobardía extrema.
En la malsana empatía
hacia la raza humana.
Para enterrar
las pesadillas, los insomnios,
los sueños más tiernos.
Necesito mil escapadas
al dolor del infierno
que siento
cuando la punzada del recuerdo
en mi pecho se clava.
Necesito mil respiraciones.
Entrecortadas.
Llenas de ansiedad.
Lamentaciones,
intensas contracciones del alma.
Una a una... esperadas.
Sólo para sobrellevar
la herida descarnada.
Sola, desgarrada.
Sin garganta, sin opinión, sin alma....
sin nada!
Con tus estúpidas, falsas palabras.
Puñaladas patéticas,
escritas en la cobardía extrema.
En la malsana empatía
hacia la raza humana.