Teo Moran
Poeta fiel al portal
Muerte me dieron las flores
con los tapices de su alma,
marchitos colores la sierra
que alimentaba los dolores
con el vuelo de la mariposa
y la hoja estriada de la higuera.
¡Vete sombra del urbano miedo
y camina desdichada por la calle,
que nadie te conozca y te nombre!
Muerte me dieron los recuerdos
de los caminos y los senderos
por donde el amor es un ocaso,
es un arte liviano de espuma
que se diluye entre lo cotidiano
y la falsedad de unas palabras
que nada prestan y todo se llevan…
Muerte me dieron aquellos días
en que tanto daba y nada pedía,
en que el mar rezaba su salmo
y con sus olas poco a poco moría
mojando las flores que se marchitan,
que con su lenguaje cotidiano
cubren el cielo con su agonía.
Muerte me dieron sin clemencia,
muerte sin conocer el porqué de su ira,
fui lluvia derramada en el desierto
con la sangre oscura del corazón,
hoy solo lo cubren las úlceras
de unas sombras que no me quieren
y solo desean darme su amargura.
Hoy soy huella imprecisa en la aurora
donde el reloj gira con su compás,
que con su tic tac y sus tristes horas
también quiere darme muerte,
vivo de los recuerdos que se desvanecen
porque al fin al cabo todo fue un sueño…
con los tapices de su alma,
marchitos colores la sierra
que alimentaba los dolores
con el vuelo de la mariposa
y la hoja estriada de la higuera.
¡Vete sombra del urbano miedo
y camina desdichada por la calle,
que nadie te conozca y te nombre!
Muerte me dieron los recuerdos
de los caminos y los senderos
por donde el amor es un ocaso,
es un arte liviano de espuma
que se diluye entre lo cotidiano
y la falsedad de unas palabras
que nada prestan y todo se llevan…
Muerte me dieron aquellos días
en que tanto daba y nada pedía,
en que el mar rezaba su salmo
y con sus olas poco a poco moría
mojando las flores que se marchitan,
que con su lenguaje cotidiano
cubren el cielo con su agonía.
Muerte me dieron sin clemencia,
muerte sin conocer el porqué de su ira,
fui lluvia derramada en el desierto
con la sangre oscura del corazón,
hoy solo lo cubren las úlceras
de unas sombras que no me quieren
y solo desean darme su amargura.
Hoy soy huella imprecisa en la aurora
donde el reloj gira con su compás,
que con su tic tac y sus tristes horas
también quiere darme muerte,
vivo de los recuerdos que se desvanecen
porque al fin al cabo todo fue un sueño…