Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Me duele Egipto
Los peces, mientras la ciudad duerme, se comen los muertos de un saludo falangista en un viernes sin precedente. Las pulgas, acostumbradas a ser cortinilla, cuyo picazón inquieta la espesa sangre que engordan, huyen ante el insecticida, cuya medalla de bronce consigue subir a lo más alto del podio avalado por el régimen golpista. Hay que devolver al pueblo lo que democráticamente el pueblo ha elegido Crear nuevas leyes donde las creencias sean toleradas sin traspasar la línea donde comienzan los derechos de quienes opinan diferente. La religión no puede ni debe mandar sobre el total de una población, y no debe tampoco querer ostentar el poder para condenar y castigar la libre opinión y el derecho de hacer con la vida propia lo que cada uno quiera, porque sí así lo hace deja de ser una religión personal e intransferible para pasar a ser una esclavización de aquellos que se oponen a que sus libertades sean amenazadas. A un paso de la gloria el edificio se viene abajo, y los faraones, durmientes, sonríen bajo las mismas pirámides, porque su dios, quien a todos da luz, está todavía bajo la sospecha de ser un astro inconsciente al que no le importa el sacrificio de unas momias del pasado.
Los peces, mientras la ciudad duerme, se comen los muertos de un saludo falangista en un viernes sin precedente. Las pulgas, acostumbradas a ser cortinilla, cuyo picazón inquieta la espesa sangre que engordan, huyen ante el insecticida, cuya medalla de bronce consigue subir a lo más alto del podio avalado por el régimen golpista. Hay que devolver al pueblo lo que democráticamente el pueblo ha elegido Crear nuevas leyes donde las creencias sean toleradas sin traspasar la línea donde comienzan los derechos de quienes opinan diferente. La religión no puede ni debe mandar sobre el total de una población, y no debe tampoco querer ostentar el poder para condenar y castigar la libre opinión y el derecho de hacer con la vida propia lo que cada uno quiera, porque sí así lo hace deja de ser una religión personal e intransferible para pasar a ser una esclavización de aquellos que se oponen a que sus libertades sean amenazadas. A un paso de la gloria el edificio se viene abajo, y los faraones, durmientes, sonríen bajo las mismas pirámides, porque su dios, quien a todos da luz, está todavía bajo la sospecha de ser un astro inconsciente al que no le importa el sacrificio de unas momias del pasado.