Raamses
Poeta asiduo al portal
Tus brazos están abiertos a mis alegrías,
esa caricia feroz posándose en mi espalda,
pero últimamente he perdido delicadeza,
no quiero escuchar promesas del corazón
y poco a poco se me esta olvidando dar un abrazo.
Ya no, no estoy seguro de que tu persecución me haga feliz,
si es que puedo soportar tu dulce voz romper mi silencio,
pero echo de menos sentirme por ti levitar.
Yo no quiero volverte la victima
pero en mis adentros cabalgan tormentas
ansiosas de esconder el sol que me deparas
y yo sé que ese tipo de cosas abren heridas
tal vez yo me haya acostumbrado a las agujas
complacido de cultivar en mí rosas marchitas.
Ya no puedo, para mí no es suficiente el mismo regalo latiendo,
tu clara sombra brindándole sombra a la mía,
el estallido que quisieras provocar en mi pecho,
la envidia de todas las soledades que caminan.
Quisiera yo recordar como era mirar el horizonte
sin tener una astilla gritando olvido
y echo de menos cuando callas ese rugido
echo de menos cuando traes la calma a mi espacio.
Besas mis mejillas con tus labios primaverales,
pero yo aun no logro recordar como es sentirse
fuera de este invierno ardiente.
Son los caprichos desamparados,
una relación juvenil, tan libre que
tan libre que se provoca envidia en nosotros.
Y no, no puedo asimilar todas las sorpresas de tus ojos,
como acortas la distancia con tus llamadas,
limpiando el miedo de mi ventanal,
las lágrimas que sonríen porque te tengo.
Hago lo posible porque no suene a despedida
nos debemos tanto destino entre tú y yo
y echo de menos que me pidas lo que te mereces
echo de menos poder ofrecerte lo que a otras le falte.
Son los caprichos sometidos, cariño mío,
he apagado con ilusiones
el volcán que me sacudiría en tu ausencia
y echo de menos no poder hablarte en tu presencia
echo de menos ya no querer extrañarte.
Adoro la forma en que sientes amarme
pero echo de menos la forma en que yo solía amar.
esa caricia feroz posándose en mi espalda,
pero últimamente he perdido delicadeza,
no quiero escuchar promesas del corazón
y poco a poco se me esta olvidando dar un abrazo.
Ya no, no estoy seguro de que tu persecución me haga feliz,
si es que puedo soportar tu dulce voz romper mi silencio,
pero echo de menos sentirme por ti levitar.
Yo no quiero volverte la victima
pero en mis adentros cabalgan tormentas
ansiosas de esconder el sol que me deparas
y yo sé que ese tipo de cosas abren heridas
tal vez yo me haya acostumbrado a las agujas
complacido de cultivar en mí rosas marchitas.
Ya no puedo, para mí no es suficiente el mismo regalo latiendo,
tu clara sombra brindándole sombra a la mía,
el estallido que quisieras provocar en mi pecho,
la envidia de todas las soledades que caminan.
Quisiera yo recordar como era mirar el horizonte
sin tener una astilla gritando olvido
y echo de menos cuando callas ese rugido
echo de menos cuando traes la calma a mi espacio.
Besas mis mejillas con tus labios primaverales,
pero yo aun no logro recordar como es sentirse
fuera de este invierno ardiente.
Son los caprichos desamparados,
una relación juvenil, tan libre que
tan libre que se provoca envidia en nosotros.
Y no, no puedo asimilar todas las sorpresas de tus ojos,
como acortas la distancia con tus llamadas,
limpiando el miedo de mi ventanal,
las lágrimas que sonríen porque te tengo.
Hago lo posible porque no suene a despedida
nos debemos tanto destino entre tú y yo
y echo de menos que me pidas lo que te mereces
echo de menos poder ofrecerte lo que a otras le falte.
Son los caprichos sometidos, cariño mío,
he apagado con ilusiones
el volcán que me sacudiría en tu ausencia
y echo de menos no poder hablarte en tu presencia
echo de menos ya no querer extrañarte.
Adoro la forma en que sientes amarme
pero echo de menos la forma en que yo solía amar.