gemalicia
Poeta asiduo al portal
Extraño la sonrisa que iluminaba mi alegría,
extraño en el pueblo las tardes soleadas,
extraño aquellos días en los que yo me sentía viva,
andando en bicicleta por las avenidas
yo apreciaba lo bello de la vida.
Extraño las hojas secas que pisaba en el otoño,
caminando por las calles y mirando al cielo,
imaginaba que todo era diversión,
guardaba una esperanza en mi corazón,
pensaba que en el mundo existía al menos
un poquito de compasión. . .
Pero que torpeza la mía
pues me engañaba a mi misma.
Extraño la fe que me redimía,
las lagrimas derramadas con inocencia,
que me decían mantén viva la esperanza
no resbales en el abismo mi niña linda.
Extraño el amor que me levantaba cada día
me enseñaba a sonreírle a la vida
y a enfrentarla con valentía.
Me extraño porque sabía confiar
y caminar en este mundo de porquería.
Me extraño porque sabía tener fortaleza.
Me extraño porque ya no soy la misma.
extraño en el pueblo las tardes soleadas,
extraño aquellos días en los que yo me sentía viva,
andando en bicicleta por las avenidas
yo apreciaba lo bello de la vida.
Extraño las hojas secas que pisaba en el otoño,
caminando por las calles y mirando al cielo,
imaginaba que todo era diversión,
guardaba una esperanza en mi corazón,
pensaba que en el mundo existía al menos
un poquito de compasión. . .
Pero que torpeza la mía
pues me engañaba a mi misma.
Extraño la fe que me redimía,
las lagrimas derramadas con inocencia,
que me decían mantén viva la esperanza
no resbales en el abismo mi niña linda.
Extraño el amor que me levantaba cada día
me enseñaba a sonreírle a la vida
y a enfrentarla con valentía.
Me extraño porque sabía confiar
y caminar en este mundo de porquería.
Me extraño porque sabía tener fortaleza.
Me extraño porque ya no soy la misma.
Última edición: