Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Y no siempre es así, pero prefieres que yo sea tu acosador,
tu constante recordatorio, tu soñador,
tu semblante oscuro que te recuerdo a cada instante, a cada momento en el que me dices que te deje, que ya está bien, pero no lo es,
no me hablas con esa convicción de las desesperadas,
sino con el ansia de las anheladas, de las que gobiernan mi corazón,
y comparten las noches oscuras y heladas en las que te busco,
te encuentro y todo gira alrededor de emociones, pasiones, razones,
sinrazones, encuentros predestinados, fabricados, al azar, amortajar,
eso te gusta,
te inflama la furia negra de mi estómago retorcido de dolor al acercarme,
te subyuga la noche cuando me apodero de ti y quieres tocarme,
encarnarme,
llevarme a altares preconcebidos, renovados, encontrados, generados,
y todo para ti, para encontrar tu permiso y autoría en mis brazos,
en la noche de mi sangre y tu sangre, al perdernos en el rojo carmesí,
en contínuo frenesí, en gobiernos donde la noche y la sangre, la furia la llama tienen poder, control, autoría y decisión,
y llegan los tumultos a disfrutarse, a anhelarse y cobijarse,
y nos miran y sonríen, y te acecho y te estrecho,
y corazones vuelven a bailar enloquecidos,
entretenidos,
adormecidos y reunidos,
al final del oscuro pasadizo, donde corres en silencio para que te busque,
donde corres a gritos para que llegue,
donde corres desesperada para que te encuentre,
te lleve,
te eleve,
te esconda, de todos,
excepto de mí,
de mi acecho,
de mi techo,
donde vives delirante,
donde vives constante,
al final de los pasillos,
de los visillos,
de aquellos tornillos que te hacen reir,
te hacen gritar,
de hacen llorar,
pero siempre con esa sonrisa final,
ese apodo magistral,
esa noche,
ese broche, ese gesto magistral,
mensual,
anual,
temporal,
o constante.
tu constante recordatorio, tu soñador,
tu semblante oscuro que te recuerdo a cada instante, a cada momento en el que me dices que te deje, que ya está bien, pero no lo es,
no me hablas con esa convicción de las desesperadas,
sino con el ansia de las anheladas, de las que gobiernan mi corazón,
y comparten las noches oscuras y heladas en las que te busco,
te encuentro y todo gira alrededor de emociones, pasiones, razones,
sinrazones, encuentros predestinados, fabricados, al azar, amortajar,
eso te gusta,
te inflama la furia negra de mi estómago retorcido de dolor al acercarme,
te subyuga la noche cuando me apodero de ti y quieres tocarme,
encarnarme,
llevarme a altares preconcebidos, renovados, encontrados, generados,
y todo para ti, para encontrar tu permiso y autoría en mis brazos,
en la noche de mi sangre y tu sangre, al perdernos en el rojo carmesí,
en contínuo frenesí, en gobiernos donde la noche y la sangre, la furia la llama tienen poder, control, autoría y decisión,
y llegan los tumultos a disfrutarse, a anhelarse y cobijarse,
y nos miran y sonríen, y te acecho y te estrecho,
y corazones vuelven a bailar enloquecidos,
entretenidos,
adormecidos y reunidos,
al final del oscuro pasadizo, donde corres en silencio para que te busque,
donde corres a gritos para que llegue,
donde corres desesperada para que te encuentre,
te lleve,
te eleve,
te esconda, de todos,
excepto de mí,
de mi acecho,
de mi techo,
donde vives delirante,
donde vives constante,
al final de los pasillos,
de los visillos,
de aquellos tornillos que te hacen reir,
te hacen gritar,
de hacen llorar,
pero siempre con esa sonrisa final,
ese apodo magistral,
esa noche,
ese broche, ese gesto magistral,
mensual,
anual,
temporal,
o constante.
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