“Me gustas en ese silencio donde habita lo imposible,
donde se admira lo grande sin tocarlo,
como quien contempla lo eterno
sin atreverse a nombrarlo.
Eres como un mural de Orozco:
fuego, fuerza y misterio latiendo en cada trazo;
y en tu voz, sin saber cómo,
resuenan las notas sutiles de Schubert,
como si el alma encontrara su forma en el sonido.
Te disfruto como los locos románticos
que esperan el amanecer con los ojos encendidos,
creyendo que en cada rayo de luz
Dios vuelve a pintar el mundo
con pinceladas de melancolía y asombro.
Y es que te guardo —sin ruido—
en ese rincón secreto del corazón
donde lo bello se vuelve eterno;
donde cuento, uno a uno, tus lunares
y recojo esa sonrisa traviesa
que se escapa de ti
para quedarse a vivir en mis días…
MUBA
donde se admira lo grande sin tocarlo,
como quien contempla lo eterno
sin atreverse a nombrarlo.
Eres como un mural de Orozco:
fuego, fuerza y misterio latiendo en cada trazo;
y en tu voz, sin saber cómo,
resuenan las notas sutiles de Schubert,
como si el alma encontrara su forma en el sonido.
Te disfruto como los locos románticos
que esperan el amanecer con los ojos encendidos,
creyendo que en cada rayo de luz
Dios vuelve a pintar el mundo
con pinceladas de melancolía y asombro.
Y es que te guardo —sin ruido—
en ese rincón secreto del corazón
donde lo bello se vuelve eterno;
donde cuento, uno a uno, tus lunares
y recojo esa sonrisa traviesa
que se escapa de ti
para quedarse a vivir en mis días…
MUBA