Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Has de saber, las rocas se ven blancas,
desde aquí,
el silencio guarda la noche,
y solo las olas reclaman.
Difuso el horizonte entre el cielo y el mar,
todo parece una pared en tu lejanía.
Dirás que son cosas mías,
pero arde entre nosotros un fuego,
frío y azul,
que ilumina esta noche celeste.
Era rojo en nuestro tiempo,
éramos tu y yo habitantes del sol,
los únicos, los dos,
pioneros del fuego.
La playa se acerca y se aleja,
conspira ella y la noche con el silencio,
los grillos se burlan en mi ventana.
La noche será larga ,
empieza apenas a ennegrecer todo,
le quedan ruidos a las olas y
tu te transformas en el silencio,
que no necesito.
El que esta y pasa tras mi espalda,
con su concierto de pasos,
que van y vienen si decir nada.
Estas en otro mundo, fuera del nuestro,
te vas de apoco, lo anuncias,
y yo hago que no entiendo.
Pero entiendo
Y me hago el sordo a la ausencia de tus ojos,
y me hago el sordo al deseo de oír,
una sola de tus palabras.
Y me ahogo en este mar que no me pertenece,
el que es tuyo y de arenas blancas.