José Ayala Colchero
Poeta recién llegado
Me hallé mirando
tu cuerpo desnudo;
mientras que la aurora,
mimaba el día
tras aquellos muros,
contemplé tus ojos
cerrados al mundo
pero abiertos al sueño
de sentirte plena,
de segundo en segundo,
y de amor encendido,
me estremecí mudo;
cuando el silencio habló,
se cimbró mi alma
y fui un vagabundo
caminando tu cuerpo,
sin un previo rumbo
viajé en la penumbra
de aquel cuarto oscuro,
y descubrí la vida
que nacía sembrada
en tus abiertos surcos,
recorrí tus llanuras,
huyendo de lo absurdo;
adivine mis pasos,
y calculé mis caricias,
en cada poro tuyo,
un soplo de viento
desapacible y crudo
acarició tus laderas
y dejo al descubierto,
tus abrazos mas puros,
me hallé ensimismado,
envuelto en tus conjuros;
y me sentí mágico
cuando me hallé mirando,
tu cuerpo desnudo.
tu cuerpo desnudo;
mientras que la aurora,
mimaba el día
tras aquellos muros,
contemplé tus ojos
cerrados al mundo
pero abiertos al sueño
de sentirte plena,
de segundo en segundo,
y de amor encendido,
me estremecí mudo;
cuando el silencio habló,
se cimbró mi alma
y fui un vagabundo
caminando tu cuerpo,
sin un previo rumbo
viajé en la penumbra
de aquel cuarto oscuro,
y descubrí la vida
que nacía sembrada
en tus abiertos surcos,
recorrí tus llanuras,
huyendo de lo absurdo;
adivine mis pasos,
y calculé mis caricias,
en cada poro tuyo,
un soplo de viento
desapacible y crudo
acarició tus laderas
y dejo al descubierto,
tus abrazos mas puros,
me hallé ensimismado,
envuelto en tus conjuros;
y me sentí mágico
cuando me hallé mirando,
tu cuerpo desnudo.