luz
Poeta que considera el portal su segunda casa
[center:fb1c64bc31]Has perturbado mi sueño,
y esta noche no es una fantasía.
En mi habitación respiro tu deseo,
ese erotismo, ese fuego que me abrasa.
Mi cuerpo cálido se hace deseable ante tus ojos,
envuelto en fina seda transparente y seductora.
Tu mirada me acaricia y sé que te provoca,
humedeces tus labios, te acercas y me tocas.
Te invito a que meterte entre mis sábanas.
Traviesas, tus manos incansables me recorren.
Tu lengua va dejando su huella por mi cuerpo;
y el subir y bajar de tus labios me enloquece.
Me excitas, me enciendes, me acaloras,
con palabras pasionales e insinuantes al oído.
Se levantan mis pechos hasta tu boca,
de ellos bebes, te adueñas, me haces tuya;
y sé que me perteneces por completo en tu entrega.
Amanece el día y se filtra entre tu espalda y la mía,
entre tu boca y mis labios, entre tu sexo y el mío.
En el espejo se reflejan nuestros cuerpos complacidos.
Como cordeles atados amanecemos abrazados,
tus piernas entre las mías quietas se han quedado.
A tu lado, con los ojos cerrados, suspiro y me digo:
¡Qué hombre! ¡Qué noche! ¡Qué ardiente su boca! [/center:fb1c64bc31]
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y esta noche no es una fantasía.
En mi habitación respiro tu deseo,
ese erotismo, ese fuego que me abrasa.
Mi cuerpo cálido se hace deseable ante tus ojos,
envuelto en fina seda transparente y seductora.
Tu mirada me acaricia y sé que te provoca,
humedeces tus labios, te acercas y me tocas.
Te invito a que meterte entre mis sábanas.
Traviesas, tus manos incansables me recorren.
Tu lengua va dejando su huella por mi cuerpo;
y el subir y bajar de tus labios me enloquece.
Me excitas, me enciendes, me acaloras,
con palabras pasionales e insinuantes al oído.
Se levantan mis pechos hasta tu boca,
de ellos bebes, te adueñas, me haces tuya;
y sé que me perteneces por completo en tu entrega.
Amanece el día y se filtra entre tu espalda y la mía,
entre tu boca y mis labios, entre tu sexo y el mío.
En el espejo se reflejan nuestros cuerpos complacidos.
Como cordeles atados amanecemos abrazados,
tus piernas entre las mías quietas se han quedado.
A tu lado, con los ojos cerrados, suspiro y me digo:
¡Qué hombre! ¡Qué noche! ¡Qué ardiente su boca! [/center:fb1c64bc31]
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